Leyenda y realidad de Sant Jordi y el día del libro

Quisiera hablar aquí de un Santo Caballero, patrón de Cataluña, y del que se celebra su fiesta en el mes de abril:  Sant Jordi, mártir de la Capadocia y símbolo de la nacionalidad catalana.

Su culto es uno de los más antiguos de la Iglesia y se tiene por cierto que, ya a finales del siglo V, Santa Clotilde, esposa del rey Clodoveo, hizo erigir altares en su memoria. Fue venerado en Oriente y Occidente, pero entre nosotros su devoción viene del momento en que se formo Cataluña, en tiempo de la reconquista.

Cuenta una leyenda que el Conde de Barcelona, Borrell II, explicaba que son la única ayuda de nueve hombres le fue posible recobrar la capital de su Estado, en las montañas de Manresa, gracias a la intervención de Sant Jordi, que cabalgando un caballo blanco y blandiendo un rayo por espada, los guió en la lucha, y en memoria de este triunfo el Conde Borrell tomó por divisa la cruz roja en campo de plata, el escudo de armas que en todas sus apariciones ostentaba Sant Jordi.

escudo sant jordi

El origen de su patronazgo se encuentra en un caso parecido acontecido un siglo después a la batalla de Alcaraz, sobre el año 1094, ganada por Pedro I, rey de Aragón, y tras estos dos acontecimientos los Monarcas de Cataluña lo adoptaron como patrón y alma de las empresas militares de Cataluña y el grito de guerra “¡ Sant Jordi, firam, firam!”  daba coraje a los soldados catalanes y aragoneses a la hora de lanzarse a los más arriesgados y desiguales combates, ya que estaban seguros de salir victoriosos de la lucha.

Por esto los Condes-Reyes de Barcelona lo honraban no solo rindiéndole culto, sino también instituyendo ordenes de caballería a su nombre.

Pere I de Cataluña estableció la de Sant Jordi de Alfama y Pere III el “Cerimoniós” obtuvo en el año 1373 su aprobación apostólica.

En el año 1456, por acuerdo de las Corts de Catalunya reunidas en Barcelona, fue declarada fiesta obligatoria en el Principado, Condados del Rossellón y Cerdeña.

Esta fiesta que reviste a la vez carácter popular y patriótico, en la antigüedad se celebraba principalmente en el Gran Palacio de la Generalitat, en cuyo claustro y capilla se rinde homenaje al Santo Patrón, pero no solamente se conmemoraba en el altar, si no que también se hacían fiestas profanas en su honor.

estatua sant jordi en el patio dels tarongers

El Pati dels Tarongers (Patio de los Naranjos) es el centro neurálgico del Palau de la Generalitat

La Capilla de Sant Jordi está dotada con excelentes obras de arte, como el frontal del altar con la historia de Sant Jordi, bordada por Antoni Sadurní, el relicario de 1600, obra de Felip Ros, y una estatuilla de Sant Jordi con armadura articulada del siglo XV. En el interior, la parte primitiva de la capilla es un espacio cuadrado cubierto con una bóveda de crucería en cuya clave se esculpió la imagen de san Jorge bellamente policromada e iluminada por un magnífico rosetón abierto en el s. XVI.

capilla de sant jordi

La Capilla de Sant Jordi está dotada con excelentes obras de arte, como el frontal del altar con la historia de Sant Jordi, bordada por Antoni Sadurní, el relicario de 1600, obra de Felip Ros, y una estatuilla de Sant Jordi con armadura articulada del siglo XV. En el interior, la parte primitiva de la capilla es un espacio cuadrado cubierto con una bóveda de crucería en cuya clave se esculpió la imagen de san Jorge bellamente policromada e iluminada por un magnífico rosetón abierto en el s. XVI.

Una de ellas eran las justas de caballerías organizadas en la plaza del Born, presididas por el Lugarteniente, Gobernador, Diputados y Consejeros, donde se reunía la crema y nata de la sociedad barcelonesa luciendo sus mejores galas.

paseo del born

El actual paseo del Born, donde en la antigüedad se celebraban justas o torneos medievales

Ahora que ya nos hemos puesto en antecedentes de cómo era esta época histórica, pasaremos a lo que nos cuenta la leyenda.

Sant Jordi era de la Capadocia y de un noble linaje. La ciudad de Cilena, también llamada Sirena, capital de Pentápolis, tenia en sus limites un estanque donde se decía que vivía una especie de fiera. Su aliento fétido llegaba hasta las murallas de la ciudad, infectando el aire.

Los habitantes de este lugar vivían esclavizados por la fiera, ya que para librarse de sus ataques se veían obligados a darle cada día dos ovejas.

Pero las ovejas se terminaron y entonces tuvieron que recurrir a las personas. Si nos ponemos en su lugar podemos imaginar el inmenso dolor de los padres al tener que ofrecerle sus hijos, y el del mismo rey cuando llego el turno de ofrecerle su propia hija. Airado, se dirigió a sus súbditos diciendo: “Coged todo el oro y la plata, y la mitad de mi reino, si queréis; pero dejada a mi hija”. Pero los ciudadanos, furiosos, le contestaron: “¡Oh rey! tu estableciste esta ley; todos nuestros hijos han muerto, ¿ahora quieres eximir a tu hija? Si no cumples lo que estableciste, prenderemos fuego al palacio contigo dentro”. Entonces el rey, llorando desconsolado, exclama: “ Oh, querida hija, ¿Qué será de ti?” y girándose hacia su pueblo les dice: “Concederme al menos ocho días de tregua para poder llorar a mi hija”

Pasados los ocho días que su pueblo le concedió al rey, volvieron a presentarse en palacio gritando: “Quieres que nos perdamos todos por tu culpa? Mira como nos infecta el aire el dragón con su aliento” El rey, viendo que ya no podía hacer nada por su hija, la abraza y, llorando, le dice: “Hija querida, yo esperaba tener nietos que heredasen mi reino, pero, en lugar de eso tengo que entregarte al dragón que te devorará. Quisiera morir antes de presenciar este horrible final “.  Entonces la princesa se lanza a los pies de su padre para ser bendecida, y ambos abrazados fueron conducidos hasta el dragón.

Cuenta la tradición que este rey se llamaba Sevio, y su hija Margarita.

Pero en este momento pasaba por allí Sant Jordi, y viendo a la doncella llorosa y desconsolada, le pregunta que le pasa. Ella le responde: “Oh, buen caballero, huid de aquí si no queréis morir conmigo”

“No tengas miedo, doncella” dijo el santo  “dime ¿que esperas aquí, con esta multitud?”

Entonces la princesa le explica su desdicha y el terrible destino que le esperaba, instando al caballero a que se fuera rápidamente de allí y se pusiera a salvo. Entonces Santo Jordi le dijo:

“Hija mía, no tengas miedo, yo te defenderé en nombre de Jesucristo”

sant jordi y el dragon

En ese momento se acercó el dragón y Sant Jordi, haciendo la señal de la cruz, alza la punta de su lanza y, galopando sobre su blanco corcel, arremete contra el dragón, el cual cae gravemente herido. Entonces le dice a la princesa:

“Pon tu cinturón al cuello del dragón y no tengas ningún miedo”

Así lo hizo la princesa, y el dragón la siguió como un perrito.

Sant Jordi y la princesa, acompañados del dragón pusieron rumbo a la ciudad, pero la gente huía despavorida exclamando: “ Estamos perdidos, todos vamos a morir!”. Y el santo los tranquilizó con estas palabras: “Nuestro Señor me ha enviado para liberaros de esta calamidad. Creed solamente en la doctrina de Jesucristo, recibid el Santo Bautismo y yo matare al dragón”.

Ante este milagro, el rey y su pueblo pidieron el bautismo, entonces Sant Jordi, desenfundando su espada, mató al dragón, tal como lo había prometido.

El rey hizo construir en honor de la Virgen María y Sant Jordi una magnifica iglesia. Al pie del altar mana una fuente de agua que, según se cuenta, sana todo tipo de enfermedades.

En el año 1605 se celebró un torneo la noche de la vigilia de la fiesta dedicada al santo. Ganó el premio a la mejor lanza, don Pere Vila, el más galán, don Felip de Ferrera, y la mejor invención fue la de don Miquel de Tamarit.

La veneración a la imagen de Sant Jordi se hizo muy popular en Cataluña en todo tipo de manifestaciones artísticas, escultura, pintura, vidrieras, tapicería, bordado, grabado, platería…

Se reproducen escenas de la leyenda, especialmente cuando el santo mata al dragón y libera a la doncella.

También es típica la feria de las rosas, que constituye un símbolo de la primavera, anunciando la proximidad de mayo, el mes de las flores.

Esta leyenda en la voz popular universal, sitúa al santo caballero en la Capadocia, pero en la tradición catalana se cree que fue acaecida en los alrededores de la villa de Montblanc, donde todos los años sus habitantes vuelven  por unos días a esta época, montando en sus calles un gran mercado medieval, justas y torneos.

montblanc

Montblanc

La leyenda varía poco, cabe destacar que, cuando Sant Jordi mató al dragón, este se fundió en el suelo y de su sangre brotó un rosal de rosas rojas, entonces el santo le ofreció una a la princesa, monta en su caballo, y entre gritos de alegría atraviesa la muralla por la puerta que en recuerdo de esta gesta, todavía hoy es conocida por el Portal de Sant Jordi. Y por esto escogieron a Sant Jordi como patrón de Montblanc hace muchos años, hasta que, en el futuro se olvidaron.puerta de sant jordi

La costumbre de obsequiar a las damas con rosas viene de la época en que se celebraban torneos, que como he dicho antes, en Barcelona se celebraban en el Born. Esta costumbre, que por aquel entonces solo era para las clases aristocráticas, se fue extendiendo hasta llegar a ser, como lo es en la actualidad, una fiesta típica celebrada en Cataluña para todos.

Esta misma fecha, coincide con el día del libro, que conmemora la muerte de Miguel de Cervantes, así de este modo en Cataluña las rosas y los libros salen juntos a la calle cada 23 de abril.

rosa y libro

¿Pero sabéis quien fue el “inventor” del día del libro?

Vicente Clavel Andrés

Vicente Clavel Andrés

Vicente Clavel Andrés fue el promotor en España de la festividad del Día del Libro, en el año 1926.

Don Vicente Clavel Andrés nació en Valencia en 1888. Estudió en su ciudad natal la primera enseñanza, pero no alcanzó grado universitario. Fue toda su vida un obstinado autodidacta que leyó, en la biblioteca paterna, sus primeros clásicos; y en las estanterías de libros de su madre, las primeras novelas sentimentales. Ello dio a sus comienzos intelectuales un curioso matiz clásico romántico. De esta etapa formativa proceden también sus primeros fervores idealistas en la política, su voluntad de servir al pueblo, mejorando su espiritualidad. En 1902, contando sólo catorce años, Felix Azzati le nombra redactor de El Pueblo.

Pero bien pronto la política dejó de ser su actividad predilecta y, abandonando el periodismo, inició la tarea vocacional de su existencia, fundando, en Valencia, en la calle Hernán Cortés, núm. 8, la Editorial Cervantes. Corre el año 1916. El nombre de la editorial nos da su proclividad a los valores fundamentales de la cultura.

En 1918, Vicente Clavel toma la decisión más importante de su vida profesional: se traslada a Barcelona e instala su Editorial Cervantes en la Rambla de Cataluña, número 72

editorial cervantes

Dos metas le mueven y le atraen: la espiritualidad de los temas y la calidad del lenguaje. Pero la actividad editorial de Vicente Clavel en Barcelona coincide con un excelente momento de ascenso y de empuje. Los editores barceloneses, herederos de una excelente capacidad de perfección y de industrialización de las empresas de fin de siglo — L´Avenç, Salvat, Espasa, Maucci, Henrich, Guarro, Montaner y Simón–, se aprestan a organizarse para la promoción y la proyección conjunta de nuestros libros en el camino de América. Hombres como Gustavo Gili, Mariano Viada, Rubió y Lluch, Miguel y Planas — en contacto con la Casa de América, que dirigen Federico Rahola y Rafael Vehils– constituyen, en 1918, la Cámara del Libro de Barcelona, que enseguida encuentra  un tomavoz en la Cámara del Libro de Madrid. En 1922, por un decreto de José Sánchez Guerra, se declaran oficiales. En 1925, por un decreto de Eduardo Aunós, se funden en un Comité del Libro, patrocinado por el Ministerio de Trabajo. El libro se convierte en preocupación del Estado.

Pues bien: al lado de estos apellidos ilustres, en la Cámara del Libro de Barcelona aparece fervorosa e insistentemente una figura: la de Vicente Clavel. Nuevo en el ejercicio profesional, carente de vinculación industrial en Barcelona, casi recién llegado y de edad muy joven, este hombre magnífico pasa a ser, desde el primer momento, fuerza clave en la Cámara barcelonesa. Se le ve ya en todas partes: destacado en la redacción de la Revista Bibliográfica, que empiezan a publicar ambas Cámaras; delegado para el Comité de Madrid; pieza de relación con la Casa de América; factor máximo del primer Catálogo de catálogos, que, con prólogo suyo, ve la luz en 1925.

En 1923, Vicente Clavel, que cuenta con treinta y cinco años de edad, es elegido vicepresidente primero de la institución. Sus actividades se multiplican.
Y es en este momento cuando pone en órbita su ilusionada y terca iniciativa. En 1923, la “Memoria” de la Cámara trae una primera noticia: “DIA DEL LIBRO ESPAÑOL: Otra iniciativa de nuestro consejero don Vicente Clavel. Dedicar un día de cada año a celebrar la Fiesta del Libro Español. Este simpático proyecto pasó a estudio de la correspondiente ponencia y está pendiente de examen”.

En la junta de la Cámara de 25 de febrero de 1925 reitera su proposición. En 1926 su sueño es una realidad. El ministro de Trabajo, un catalán ilustre, don Eduardo Aunós, pone a la firma de S.M. el rey el decreto creando el Día del Libro. Hoy sabemos, por declaraciones del propio Clavel, a un periodista, en 1967, que la redacción del decreto es obra suya. Vale la pena reproducirla, porque es el producto de un amor sin límites, mezclado a una noble retórica muy considerable.

Celebración oficial día del libro en España 1926

Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria

Exposición

Señor: Es el libro español sagrario imperecedero que difunde y expresa el pensamiento, la tradición y la vida de los gloriosos pueblos hispanoamericanos y plasma o perpetúa las concepciones del genio de la raza, vigorizando sus energías espirituales y abriendo cauces de expansión al vínculo más indestructible de muchas generaciones hermanas. Y para enaltecerlo como guardador de las esencias, de las virtudes y de la cultura hispana, dándole impulso espiritual y material, como medio también de fecundo enlace de ideas, sentimientos y creencias, propone el Comité Oficial del Libro del ministerio de Trabajo, Comercio e Industria que se instaure en España la fiesta anual del libro español en la perdurable fecha del natalicio del  inmortal Cervantes.

Ninguna obra ha de ser más grata a este Gobierno que la de acoger tan hermosa iniciativa, que coincide con los anhelos de V.M. y con su propósito de propulsar la cultura, rendir pleitesía a los genios de la raza, divulgar las concepciones de los escritores españoles y facilitar la expansión de la lengua y del alma hispánicas, para enaltecer la patria y agrandar y fortificar sus prestigios insuperados.

Por todo ello, el ministro que suscribe tiene el honor de someter a V.M. el adjunto proyecto de Decreto.–Madrid, 6 de febrero de 1926. — Señor: A.L.R.P. de V.M., Eduardo Aunós Pérez.

REAL DECRETO

A propuesta del ministro de Trabajo, Comercio e Industria, y de acuerdo con mi Consejo de Ministros, Vengo en decretar lo siguiente:

Artículo 1º     El día 7 de octubre de todos los años se conmemorará la fecha del natalicio del príncipe de las letras españolas, Miguel de Cervantes Saavedra, celebrando una fiesta dedicada al libro español.

Artículo 2º     En las reales academias y en los paraninfos de las universidades e institutos del reino se celebrarán en ese día sesiones solemnes dedicadas a ensalzar y divulgar el libro español, disertando, además de los académicos, catedráticos y personalidades científicas y literarias que cada corporación designe, un alumno de cada facultad.

Artículo 3º    En todas las escuelas especiales del Estado, sin excepción alguna, incluso las militares y de la Armada, se celebrará sesión pública, dedicada al libro español y particularmente a conferencias sobre bibliografía de las especialidades correspondientes.

Artículo 4º    En las escuelas nacionales, sin excepción, se dedicará  el 7 de octubre de cada año una hora, por lo menos, a la explicación de la importancia del libro español y a la lectura, por los maestros o por los alumnos de fragmentos de obras que son gloria de nuestro idioma o que difunden el valor del libro como instrumento de cultura, civilización y riqueza nacional.

Artículo 5º     Todos los establecimientos de enseñanza particular celebrarán el “Día del Libro” una fiesta adecuada al fin de la obra, dando cuenta de su actuación a las autoridades académicas correspondientes.

Artículo 6º     En los cuarteles y en los buques y arsenales de la Armada se dedicará en dicha fiesta una hora, por lo menos, a la lectura de trozos escogidos de nuestra literatura  en los que se enaltezca a la patria y al libro español.

Artículo 7º     En los establecimientos de beneficencia se procurará celebrar la fiesta del libro o, cuando menos, repartir lectura entre las personas que en ellos se hallan acogidas; en la misma forma se celebrará la fiesta del libro en los establecimientos penitenciarios.

Artículo 8º    Las bibliotecas oficiales y las de los centros e instituciones de enseñanza deberán dar ingreso en el “Día del Libro” a nuevos volúmenes que, al ser registrados en sus catálogos respectivos, figurarán como adquiridos en celebración de esta fiesta cultural.

Artículo 9º     Las entidades y corporaciones que perciban subvención del Estado, de la provincia o del municipio, quedan obligadas a dedicar en la misma fecha un mínimo del uno por mil de esas subvenciones a la compra y reparto de libros.

Artículo 10   Anualmente, y en conmemoración de esta fiesta, deberán crear las diputaciones provinciales una biblioteca popular, por lo menos, en el territorio de su provincia respectiva.
Los ayuntamientos destinarán igualmente el “Día del Libro”, una cantidad del medio al tres por mil, según el presupuesto y número de habitantes, fijándose la escala por real orden, a la creación de bibliotecas populares, o reparto de libros en sus establecimientos de enseñanza o de beneficencia y entra los niños pobres.

Artículo 11    El Comité y las Cámaras Oficiales del Libro procurarán recabar de autores, editores y libreros que establezcan un descuento especial en el precio de venta de los ejemplares que el público adquiera en el día señalado para la celebración de este festejo, debiendo recabar, asimismo, donativos de libros, folletos y periódicos con destino a hospitales, hospicios, colegios de huérfanos, centros de beneficencia, penales, etc., que se repartirán precisamente en ese día.

Artículo 12    Las Cámaras Oficiales del Libro de Madrid y Barcelona concederán el “Día del Libro” un premio de mil pesetas cada una al artículo periodístico que se publique en idioma español antes de la fecha del concurso y reúna, a juicio de ellas, mayores méritos como estímulo de amor al libro o como medio de difundir la cultura. Dichas Cámaras publicarán, con la necesaria antelación, bases o condiciones a que habrán de sujetarse los concursantes.

Artículo 14     Queda encargado de la ejecución de este real decreto el Comité Oficial del Libro y su Comisión Permanente, a los que se incorporará, a este fin, un representante especialmente designado por el ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Artículo 15     La primera fiesta del libro español se celebrará el día 7 de octubre de 1926.
Los jefes de departamentos y los servicios que afecta al presente real decreto, así como las diputaciones y los ayuntamientos, prevendrán todo lo necesario para que en los próximos presupuestos se tengan en cuenta las obligaciones que se derivan del cumplimiento de lo preceptuado a fin de que la primera fiesta anual del libro revista toda la brillantez que su importancia requiere.

Dado en Palacio a seis de febrero de mil novecientos veintiséis.– El ministro de Trabajo, Comercio e Industria, Eduardo Aunós Pérez.

Casi medio siglo después, el decreto sigue vigente, sin otra modificación importante que la producida en 1930 (decreto de 7 de septiembre), por la que la fecha inicialmente fijada de 7 de octubre (dos días antes de la que ostenta la partida de bautismo de Cervantes) se traslada al 23 de abril, fecha fidedigna de su muerte. Esta razón de precisión histórica hace coincidir, en Barcelona, el Día del Libro con la celebración de San Jorge.

Al advertirlo don Gustavo Gili, hubo de replicarle Clavel. “No importa. Las rosas de San Jorge florecerán siempre. Lo que corremos riesgo de que se pierda es la memoria de Cervantes.”

Los años transcurridos han hecho manifiesto el maridaje feliz de ambas conmemoraciones, en el calendario festival barcelonés. La ciudad de los Condes va, sin disputa, a la cabeza de la geografía peninsular en amplitud y arraigo popular del Día del Libro.

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