¿Acaba nuestra existencia después de la muerte física?

A muchos de nosotros nos ronda una pregunta por la cabeza y la búsqueda de esta respuesta es la que nos hace estar aquí, en este mundillo del misterio:

¿Acaba nuestra existencia después de la muerte física?

muerte1

Se puede decir que la muerte es la transformación de un objeto viviente en un objeto sin vida (eso está claro) y, desde nuestro punto de vista, todos los objetos vivos acaban por transformarse en objetos inertes, es decir, terminan muriendo, y esa parte de nosotros que se escapa, que se escapa a nuestra percepción sensible (lo que llamamos alma) se separará un día de nuestro cuerpo físico.

Por lo tanto la idea de que con la muerte acaba nuestra existencia sería, de alguna manera un concepto erróneo, al menos eso es lo que esperamos y lo que, tantos investigadores de lo paranormal, intentan demostrar. Porque tenemos tanto miedo a morir y desaparecer que, de alguna manera, esto demostraría que somos inmortales, y la inmortalidad es lo que anda persiguiendo el ser humano desde que tuvo conciencia.

En casi todas las civilizaciones, de una forma u otra, se ha intentado retrasar el momento de la separación del difunto con sus seres queridos,  dedicándole ritos funerarios, ofreciéndole flores, enterrando su cadáver, visitando la tumba  con frecuencia, depositando objetos personales, como por ejemplo  fotografías que recuerden su imagen viva, etc.

cementerio

      Las religiones orientales hicieron del final de la vida el principio de otra quemando los cuerpos de los difuntos para hacer desaparecer, en corto plazo, las ataduras del alma con su cuerpo y los apegos materiales a la vida.

      Para los budistas lo esencial no es la idea de la muerte física, si no  buscar la forma de vida que nos libera de esa muerte que se repite cada  vez que nos reencarnamos, es decir a la que estamos expuestos mientras nos   encontramos dentro de un ciclo interminable de existencias. Buda predicó  en su doctrina la enseñanza del no-renacer, ve este mundo de los vivos   como un problema y es justo en este punto en donde todas las religiones  coinciden: la negación del mundo material.

Los que más perfeccionaron los ritos mortuorios fueron los egipcios consiguiendo, mediante el embalsamamiento, que el cadáver no se descompusiese y de esta  manera se conservara la forma del cuerpo para que la muerte fuese solamente como un profundo y largo sueño, del que se esperaba volver. Lo cual  no era más que una forma de eludir a nivel psicológico el problema de la muerte.

momificación

 En otras doctrinas se dice que la muerte se presenta por el abandono de  una partícula alojada en el ventrículo izquierdo del corazón que almacena las experiencias vividas por la persona que ha muerto.  Esta partícula sale a través del nervio pneumo-gástrico ascendiendo hasta  la cabeza y por fin abandona el cuerpo físico pasando entre los espacios  de los huesos parietal y occipital.

Como hemos visto,  para las religiones orientales, existe la reencarnación por la cual renaceríamos para ir evolucionando progresivamente a nivel espiritual, pero  para la Iglesia occidental existe un día para la resurrección de todos los  muertos, es decir una recuperación del cuerpo físico, pero no precisamente   el cuerpo físico que se tuvo en el momento de la muerte que estaba dañado  por la enfermedad, si no un cuerpo nuevo y limpio de todo daño y que  habitará eternamente en un cielo o en un infierno según la actitud  positiva o negativa que se haya tenido con respecto a Dios.

      Según la mayoría de las filosofías orientales y algunas occidentales,  junto al cuerpo físico, existe otro cuerpo de naturaleza similar llamado Cuerpo Vital y además otros dos cuerpos que son invisibles y que se les  denomina Cuerpo Astral o de los Deseos y Cuerpo Mental y que siguen  viviendo, muy al contrario de lo que ocurre con el Cuerpo Vital que si muere.

cuerpo vital

      Los cuerpos Astral y Mental siguen junto al cuerpo vital durante un tiempo  antes de separarse de este. Por esta razón los primeros cristianos y durante varios siglos mantenían a los difuntos  durante tres días sin enterrar; esta costumbre la habían adquirido del  judaísmo incorporándola a su religión, dado que pensaban que eran  tres días los que necesitaba el difunto para integrarse al mundo astral.

Como había muchos casos en los que se podía dar a una persona por muerto y no estarlo realmente (catalepsia) se idearon formas para comprobar si el alma había abandonado ese cuerpo. Una manera era depositar unas gotas de cera caliente sobre los párpados  del difunto para ver si abrían los ojos por el calor o bien se le ponía un espejo en la boca para comprobar si aún respiraba, pues el cristal en este  caso se empañaría; la última prueba para certificar su muerte era avisar  al notario quien a los tres días del fallecimiento se presentaba y ante testigos, preguntaba tres veces al difunto: ¿estás vivo?; si no contestaba, el notario daba fe de su defunción. También en algunos pueblos se  aplicaba una sanguijuela al difunto para que succionase la sangre; si al presionar la sanguijuela con los dedos sobre un recipiente lleno de agua,  la sanguijuela soltaba coágulos era señal de que la persona estaba muerta  y si la sangre era líquida y teñía el agua de rojo, era una prueba evidente  de que la persona permanecía aún con vida.

catalepsia

 Estas pruebas practicadas  además del tiempo transcurrido daban cierta seguridad para que los cuerpos no fuesen enterrados vivos, en el caso de que se tratase de una muerte  aparente, es decir que hubiesen sufrido una catalepsia.

Como he apuntado antes, los enterramientos a personas vivas por catalepsia eran muy frecuentes dado que no existían medios para asegurarse de este hecho.

Se cuenta que una joven Valenciana fue llevada al depósito de cadáveres para que una vez cumplido el plazo de tiempo de espera fuese  enterrada. La difunta llevaba un anillo en el dedo anular de la mano  derecha y un ladrón que conocía este detalle entró por la noche en el depósito y como no podía sacar el anillo, optó por cortar el dedo. En ese momento, al notar el dolor, salió de la catalepsia  y se incorporó e inmediatamente y por su propio pié regresó a su domicilio, dando un susto de “muerte” a los familiares que allí se encontraban llorando su pérdida.

 También en el pueblo de Jávea en la provincia de Alicante, se  cuenta que a principios de siglo una señora murió y fue llevada al depósito del cementerio municipal. La noche anterior a su entierro,  despertó de su catalepsia, se incorporó y se dirigió a su casa. Llamó a la puerta y su marido lógicamente se llevó un susto impresionante. Esta mujer  explicó que había visto a Santa Teresa de Jesús y que le pidió que la devolviese a la vida, pues hacía mucha falta en su casa dado que tenía muchos niños pequeños para cuidar; la Santa le dijo que podía volver a la vida y ella regresó.  Como acción de gracias por este favor, la mujer regaló a la Iglesia      Parroquial de San Bartolomé de este pueblo una imagen de Santa Teresa, que  se puede contemplar en uno de los altares laterales.

Y como anécdota podemos decir que, a la misma Santa Teresa de Jesús después de considerarla muerta y al cabo de  varias horas, se le practicó la prueba de la cera y del espejo dando como  resultado que había fallecido y una de las noches en las que estaba de cuerpo presente y velada por un familiar, una de las velas encendidas que  rodeaban la cama prendió fuego a una tela y por el calor del fuego el cuerpo de la Santa reaccionó y volvió a la vida.

Se sabe de casos de religiosos que fueron enterrados vivos y al exhumar sus cuerpos para       examinarlos y proceder a su beatificación o canonización, se vio que habían adoptado posturas que hacían pensar en una lucha por poder salir de  su encierro, como por ejemplo: el haber arañado el ataúd dado que tenían astillas de madera en las uñas y por si en ese momento blasfemaron  angustiados por su encierro y muerte segura, se desestimó el proceso  canónico.

      ataud catalepsia

      En el año 1.906, el Doctor Mac Dougall del Hospital de Massachusetts, emprendió una investigación que trataba de comprobar si en los moribundos  existía algo pegado al cuerpo que desapareciese en el momento del   fallecimiento.

Mac Dougall

Mac Dougall

      Mac Dougall pensaba que lo que conocemos como alma se  separaba del cuerpo en el momento de la muerte física y trató de encontrar  algún procedimiento para poder demostrar científicamente esta separación.

Hizo construir una balanza y ponía sobre uno de los platos al moribundo para comprobar que  en el mismo instante del fallecimiento la balanza ascendía siempre, lo  cual demostraba su teoría de que algo salía del cuerpo en el momento de la  muerte puesto que éste perdía peso.

      Basándose en esta investigación, el jefe del departamento   científico de la Escuela Politécnica de Los Ángeles, el profesor Twining,  realizó experiencias similares, pero esta vez con animales de diferentes   especies, comprobando que en estos casos también se producía una pérdida   de peso en cada uno de ellos en el mismo instante de la muerte (así que los humanos no éramos tan especiales)experimento muerteduncan mac dougall

     La filosofía teosófica, hermetista, alquimista, ocultista, etc., reconoce la existencia en el hombre de cuatro cuerpos de distinta naturaleza y que   cumplen también cada uno de ellos con una misión diferente.

      Nuestro cuerpo energético está formado por: el Cuerpo Etérico, el Cuerpo Astral o Emocional, el Cuerpo Mental y el Cuerpo Causal o Espiritual.

cuerpos sutiles

      El Cuerpo Espiritual es el que tiene mayor índice de vibración,  siguiéndole los cuerpos Mental y Astral y por último el Cuerpo Etérico que  es el que vibra a menos frecuencia.

      El Cuerpo Etérico posee la misma forma que el cuerpo físico y es el más  cercano a éste. Él es el que transporta la fuerza que modela el Cuerpo Físico y se encarga de las sensaciones y de la creatividad.

      El Cuerpo Etérico al contrario que el Cuerpo Físico, no puede ser  destruido, es más real, más sólido que aquél. Es el que se utiliza para realizar viajes astrales.

      Cuando morimos, utilizamos el Cuerpo Etérico, para ir del plano terrenal  al mundo de los espíritus.

      El Cuerpo Etérico se forma en el nacimiento del ser y desaparece después de unos días de la muerte física. Éste cuerpo se encarga de absorber la  energía del sol hacia el chakra del plexo solar y la energía de la tierra  a través del chakra basal. Estas energías que son elaboradas por los chakras y conducidas a través de los nadis se envían al cuerpo físico para  mantener equilibradas y vivas las células del organismo. La energía  sobrante es eliminada a través de los poros y de los chakras.

      El Cuerpo Astral o Emocional es el que administra nuestras emociones,  amor, alegría, nuestros sentimientos, nuestro carácter y nuestras  cualidades. Se halla alrededor de nuestro Cuerpo Físico y es como una  sustancia nebulosa. El tono de su color dependerá de el desarrollo de las cualidades, el carácter, los sentimientos, las simpatías o antipatías, los apegos, etc.; cuanto más positivo más claro y transparente, cuanto más  negativo más oscuro.

      Si hablamos del aura de colores irisados que dicen (los que pueden verla) que se encuentra alrededor de nuestro Cuerpo  Emocional, su forma es ovalada y recoge las emociones y las sensaciones  del Cuerpo Emocional y va cambiando los colores según los pensamientos y   el estado anímico.

También se puede llamar  Campo Energético y se manifiesta por encima de  la piel, rodea todo el cuerpo y puede llegar a abarcar varios metros. Está  formada por muchas capas, tiene distintos colores, formas y diseños, ya he dicho que sus características cambian según sea el estado mental, físico o espiritual de  una persona. El Aura es el reflejo del ser. En ella se ven reflejadas  nuestra alegría o tristeza, nuestra angustia, nuestra soledad, rechazo,  amor, odio, etc. Si nuestra actitud y vibración es positiva atraemos a  personas con las mismas características o que vibran a la misma frecuencia, si es negativa de igual manera atraemos a seres que están en  nuestra misma situación y que nos sirven de espejo para que nos demos cuenta de lo que nosotros mismos estamos reflejando.

      El Cuerpo Mental es también de forma ovalada y su volumen depende de   nuestro desarrollo en cuanto a pensamientos, racionalidad, intuición, e  ideas. Los colores más o menos vivos del cuerpo mental dependerán también   de nuestro  nivel de desarrollo. La función primordial del Cuerpo Mental es la de  recoger las leyes universales que parten del plano espiritual.

      El Cuerpo Espiritual que tiene la mayor frecuencia de vibración puede ser  transportada de forma circular hasta muchos kilómetros de distancia. Se  percibe como una sensación de plenitud y amor, inundando al Cuerpo   Etérico, al Cuerpo Mental y al cuerpo emocional. Esta sensación será más  fuerte cuanto más desarrollados y abiertos estén los chakras. Este cuerpo espiritual nos une con lo divino y lo puro. El cuerpo espiritual es, pues,  nuestra parte divina y es inmortal.

      Los nadis (palabra sánscrita que significa tubo), son unos canales que  conducen la energía vital o absoluta (el prana).

      El plano de la consciencia depende de la frecuencia de la energía vital  que puede absorber. Cuanta más energía vital se almacena más desarrollada  está la consciencia.

      Mientras permanecemos vivos en el plano físico, llevamos incorporados  sobre el cuerpo físico todos los demás cuerpos al mismo tiempo.

muerte

      En el momento de la muerte, es cuando se separan del Cuerpo Físico todos  los demás vehículos superiores. En primer lugar lo hará el Cuerpo Vital  que se separa en el mismo instante de la última espiración y está  formado por sustancias del mundo físico, de ahí la explicación que se  daría a la pérdida de peso que investigaban Mac Dougall y el Profesor Twining. Este Cuerpo Vital no puede seguir a los cuerpos Astral y Mental  puesto que una vez muerto el cuerpo físico, éste se disuelve en la tierra.

      Parece ser que es precisamente el Cuerpo Vital el que los videntes suelen ver en los difuntos o bien en los cementerios flotando sobre las tumbas que albergan los cuerpos de los muertos. Hablando claro, lo que llamamos “fantasmas”.

      El Cuerpo Astral y el Cuerpo Mental antes de romper el cordón plateado que  los une al cuerpo físico están flotando sobre el cadáver durante un período que puede prolongarse normalmente hasta los tres días.

      De la misma forma que el Cuerpo Vital, el cordón plateado que está unido al Astral y al Mental desde el corazón, puede ser visto también por los  videntes.

      A través de este cordón plateado se va emitiendo información hacia los  vehículos superiores de todas las experiencias: aprendizaje, conocimiento adquirido, etc., por la persona fallecida durante la estancia en el plano físico; es durante esta transferencia de datos cuando la persona difunta ve lo que se ha venido a llamar la película de su vida. Una vez terminada   la trasferencia de datos es cuando se rompe el cordón plateado.

      Durante el tiempo en que se emplea en todo este proceso la persona  fallecida puede en un momento determinado volver de nuevo a la vida, pero  nunca esto sucederá una vez roto el cordón plateado.

  Aquel que se va no sufre en absoluto durante el cambio de estado, ni  siquiera tiene la sensación de que su vida terminó, sino de que se cambia  a un lugar más espiritual en donde el vehículo físico ya no pesa y en  donde los dolores y molestias de la muerte se desvanecen.

      Parece ser que aquel que ha fallecido ve, en ese momento posterior a la  muerte física, su propio cuerpo que permanece rígido y sin vida; la  sensación es de estar flotando en el aire escuchado las voces de sus  familiares y sus reacciones; la reacción inmediata del fallecido es comunicarse con los seres que rodean su cuerpo para decirles que está  vivo, pero ellos ni ven ni oyen sus palabras. Poco después, cuando el  fallecido acepta su nueva situación es cuando de pronto se ve atraído por una luz blanca muy intensa que ve al final de un túnel oscuro.luz al final del tunel

      Ha habido innumerables casos de personas fallecidas que han llegado a  traspasar lo que se ha denominado como la frontera y que luego han regresado nuevamente a habitar sus cuerpos físicos dando cada uno de ellos  un testimonio más o menos similar de su experiencia, coincidiendo todos en afirmar sus sensaciones de bienestar, paz , felicidad, una gran  luz, un ser luminoso, quietud, no tener miedo a la muerte…

      Otras de las sensaciones importantes comunes a los que han tenido una  experiencia cercana a la muerte, es el planteamiento de un nuevo concepto de la  vida y la afirmación de la existencia de Dios y de que éste es una  tremenda fuente de energía. Afirman haber visto en este trance cuerpos que  se desplazaban como si tuviesen alas, seres luminosos, imágenes de familiares fallecidos con anterioridad que salían a recibirlos.

      El alma posee su propia voluntad, dado que es un cúmulo de energías y  cuando el cuerpo físico que la contiene muere, ésta elige la nueva forma  que deberá albergarla, es decir el nuevo cuerpo en la que deberá  reencarnarse, o sea la nueva vida después de la muerte.

      San Pablo, hace referencia a una vida después de la muerte y también a  otro cuerpo además del físico.

 En 1 Cor. 15:40 dice:

 “Y cuerpos hay  celestiales y cuerpos terrestres: mas una es la gloria de los celestiales   y otra de los terrenales”

 y en 1 Cor.15:44 añade:

“Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual”.

      También se habla sobre la luz que uno ve al salir de su cuerpo físico: El  mismo Jesús dice al respecto:

 “Vosotros sois la luz del mundo”.

 El libro  de Isaias (58:7-10)dice:

 “…entonces irrumpirá en tu vida una gran luz y se  cerrarán al instante tus heridas…”

 y en la profecía de Isaias que recoge  Meteo, dice:

 “…el pueblo que caminaba a oscuras vio una gran luz…”

      La doctrina espiritista fundada por Alan Kardec, cree fervientemente que al morir nos trasladamos a un plano al que conocemos como astral, cuyo  nivel será más o menos elevado, según haya sido nuestra evolución   espiritual y en el caso de la menor evolución, es decir cuando más  apegados estemos a la materia, más nos costará ascender a otros planos superiores y serían estos posiblemente los espíritus que con mayor  facilidad se manifiestan a través de los médiums, por estar mas cercanos  al plano físico.

      La muerte es una parte natural de la vida y no el final de ella, se trata  simplemente de entrar en una nueva forma de conciencia. Atravesar con éxito total el paso de la muerte física, paso por el que la mayoría de  nosotros nos esforzamos por borrar de nuestras mentes y que  a veces nos  crea ansiedad, podríamos perfectamente controlarlo entrando voluntariamente en meditación sobre nuestra propia muerte.

      Si somos conocedores de que la muerte se halla ya próxima, aún en el caso  de que la supongamos cercana de forma ficticia, podremos experimentar el  efecto o sensación de estar realmente vivos. Si nos concienciamos de que  vamos a tener una buena muerte, una muerte digna, eliminaremos con toda  seguridad el miedo a la muerte. Liberados de la angustia que nos genera el   pensamiento sobre la muerte quedaremos libres también de la obsesión que algunas personas sufren a este respecto. Si adquirimos entendimiento y paz  en lo que respecta al paso de la muerte física, aumentaremos  indudablemente nuestra capacidad para vivir de forma plena.

      Para el hombre civilizado la muerte es un fenómeno muy complejo. Al igual  que dos personas no pueden tener una misma existencia, tampoco has dos que tengan la misma muerte. Vivimos en una sociedad que no nos prepara para este paso de enfrentar a nuestra propia muerte y estamos acostumbrados a rehuir de ese tema y no querer nunca, en la mayoría de los casos, hablar de él, pero aunque no queramos pensar en ello, nunca podemos olvidamos de  la muerte; hay muchos momentos de nuestra vida que nos hacen pensar en nuestra propia muerte, la mayoría de las veces viendo o pensando en la  muerte de los demás. Nuestras vidas están dirigidas normalmente a partir  del miedo a la muerte. La idea que se nos ha inculcado sobre la muerte es  errónea; se ha considerado la muerte como un triste final.miedo a morir

      Del miedo a la muerte han hablado innumerables maestros como un gran  obstáculo que se interpone en nuestra evolución espiritual y este  obstáculo es debido a un sentimiento dependiente del instinto de  conservación.

      Se ha observado por ejemplo que los animales son conscientes de que pronto  van a morir y en cambio no tienen ese temor muy dado en el ser humano.

      El principal sentimiento de miedo por parte del hombre es más que a la  muerte física a la muerte psicológica y que va unido principalmente al  egoísmo.

      Según la doctora Kübler-Ross, existen unas etapas previas de   comportamiento frente a la experiencia de la muerte:

      El paciente, se entera de que su enfermedad es irreversible y que en un  corto espacio de tiempo va a sobrevenirle la muerte. El enfermo reacciona   obsesionado por su inminente final e intenta deshacerse de ese   pensamiento. Seguidamente va abandonando paulatinamente todas sus  actividades cotidianas y a aislarse hasta sentirse solo. Cuando reacciona   intenta por todos los medios encontrar un remedio que le libre de ese  final. Cuando se hace consciente de que no puede escapar de ello, se va   alejando de todos, y esto le provoca una reacción de agresividad por  pensar que lo que le sucede es injusto. Poco a poco le va dejando de      interesar todo lo que hay a su alrededor, incluso sus cosas personales.

      Seguidamente aparece la depresión, se vuelve desconfiado y apático. De  pronto un día cesa la depresión y es en ese momento cuando intuyen que por  fin van a conocer cual es el sentido y la verdad de su vida. Es en este  momento cuando pueden presentarse las visiones o apariciones que hacen que  la persona que está a punto de morir se sienta rodeado por los seres  queridos que vienen a recibirle a su nueva morada. Finalmente se va  perdiendo la conciencia del entorno y la comunicación con los seres vivos  que le rodean se corta definitivamente.

"San Francisco de Borja y el moribundo impenitente" - Goya (1788)

“San Francisco de Borja y el moribundo impenitente” – Goya (1788)

      Para paliar esta falta de coraje a enfrentarnos con nuestra propia muerte,  el Padre Jesuita Antonio de Mello en su libro “Sadhana, un camino de  oración”, entre  los múltiples ejercicios de meditación sobre los que escribe, existe uno  en particular que está dedicado a encontrar la paz y la ayuda para vivir  la vida con mayor profundidad. En este ejercicio uno debe visualizar su   propio cadáver, intentando meditar sobre el paso de los nueve estadios de descomposición después de la muerte física:

      1.-El cadáver está rígido y frío.

      2.-Se torna azulado.

      3.-Aparecen grietas en la carne.

      4.-La descomposición se advierte en algunas partes.

      5.-Todo el cuerpo está en descomposición completa.

      6.-Queda totalmente a la vista el esqueleto, del que cuelgan algunos   trozos de carne.

      7.-El esqueleto totalmente limpio de carne.

      8.-Todo lo que ahora existe es un montón de huesos.

      9.-Los huesos han quedado reducidos a un puñado de polvo.

      Enfrentarse tranquilamente a la experiencia ineludible de la muerte es una   forma de vencerla.

“Cristo muerto se Holbein”

“Cristo muerto se Holbein”

      De todas formas aún pensando que no existiese nada más después de la  muerte, de alguno forma seguimos siendo inmortales, pues toda la materia  de la que se compone nuestro cuerpo físico, incluida el agua, se recicla   en el transcurso del tiempo formando nueva vida, como las plantas y éstas  irán alimentando, posiblemente, a nuevos cuerpos vivos.

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