MAGIA Y BRUJERÍA EN ESPAÑA

En España siempre se distinguió entre brujería y hechicería. Se decía que, de brujas, alguna habría pero había que encontrarlas, sin embargo hechiceras había por todas partes.

España había sufrido continuas invasiones de diferentes culturas (romanos, visigodos, musulmanes, judíos…) y había ido adquiriendo gran cantidad de supersticiones.

brujaespana1

La astrología y la nigromancia se podían estudiar en universidades como la de Salamanca. Los hechiceros tenían libertad para ejercer su profesión siempre que no mataran a nadie. Pero las cosas cambiaron en el año 589 con el III Concilio de Toledo en el cual se atacaba todo tipo de supersticiones. En Concilios posteriores se condenó a los que adorasen piedras, encendiesen hogueras y venerasen fuentes. El cristianismo sirvió para definir y asociar a la bruja con el diablo. Pero aunque la Iglesia los rechazara no todos los reyes pensaban igual ya que muchos se servían de sus poderes para adivinar futuros y trascendentes acontecimientos para su reino o curar enfermedades que afectaran a la familia real.

En el año 1233 Gregorio IX  crea la Inquisición medieval para perseguir la herejía, pero solo tuvo jurisdicción en el reino de Aragón y a penas actuó contra las brujas. Más tarde, al crearse la Inquisición Española por los Reyes Católicos, la cosa fue más seria. En el s. XIII Alfonso X el Sabio escribe el “Libro de las Leyes” que, en el siglo XTV pasa a llamarse las “Siete Partidas” (o simplemente Partidas) por las secciones en que estaba dividido. En esta obra se tocan temas filosóficos, morales y teológicos, pero su principal finalidad es de carácter jurídico. En la partida séptima trata sobre diversos delitos a los que da el nombre de “yerros”, entre los que se encuentran la alcahuetería, la hechicería y la herejía, no contemplándose en esta última ni la magia ni la adivinación. Estas Partidas aún tienen vigencia en los tribunales de San Luis, en Estados Unidos, como herencia de la legislación llevada a América por los españoles en el s. XV

siete partidas

En el año 1343 aparece el tratado Speculum Regum en el que el obispo de Silves pide al rey Alfonso XI que prohíba que vivan en su reino todo tipo de adivinos, encantadores, nigrománticos, geománticos, etc. especialmente en Andalucia y Asturias.

En 1377 en las constituciones Synodales, el obispo de Oviedo Gutierre de Toledo, impone la excomunión a todos los encantadores y adivinos, tanto hombres como mujeres, y a todo aquel que acudiera a ellos en busca de consejo.
Pero, aunque se les persiguiera, empezaron a aparecer lugares en los que se decía se enseñaban las artes de la brujería.

LA CUEVA DE SALAMANCA

Era el sótano de la antigua iglesia de San Cipriano o Cebrián, en la plaza de Carvajal de la ciudad de Salamanca.
Cuenta la leyenda que allí ocurrían hechos asombrosos y diabólicos. Algunos alumnos famosos de este lugar fueron el marqués de Villena, el doctor Torralba y el sacerdote de Bargota (Navarra).

cueva salamanca
En esta cueva se dice que se enseñaban toda clase de artes mágicas y prohibidas a cambio, eso sí, de un tributo que debía pagarse al Diablo en persona.

Cuenta la leyenda que el mismo diablo era el maestro y que solamente aceptaba siete alumnos de cada vez. El pago acordado por las clases era quedarse con uno de los discípulos, aquel que le tocase en suerte, en el cual recaerían las penas infernales. Y así, dice la historia, que le tocó al marqués de Villena, pero éste consiguió escapar, quedándose el Diablo solamente con su sombra.

comic

Primera página de un cómic sobre la leyenda de la Cueva de Salamanca, obra de Fran Tapias. Podéis verlo en su totalidad en el siguiente enlace: http://frantapias.blogspot.com.es/2011/11/la-cueva-de-salamanca.html

Teniendo en cuenta que la sacristía era subterránea y que empezaron a correr rumores sobre el misterioso maestro y las enseñanzas que impartía, la gente empezó a referirse a aquel lugar como “la cueva”, y con este nombre ha perdurado hasta nuestros días. Otros, sin embargo, cuentan que el maestro era un sacristán con conocimientos nigrománticos, llamado Clemente Potosí, que decidió compartirlos con jóvenes interesados en las artes mágicas y, de paso, hacerse con algún dinerillo extra.

Los rumores ya se sabe lo que son, y verdad o mentira, la cueva de Salamanca, dicen las malas lenguas, que podría ser una entrada a una misteriosa red de túneles secretos que recorrían la ciudad hacia un destino ignorado y tenebroso. Tal vez hasta el mismísimo infierno.

cueva actual

Otros, más cabales, aseguran que simplemente fueron obra de los árabes para canalizar el agua.

Sean lo que sean los túneles y para lo que se utilizaran, lo cierto es que, al igual que otras ciudades, el subsuelo salmantino está recorrido de túneles.

Isabel la Católica tomó la decisión de sellar la entrada de la cueva bajo la iglesia de san Cebrián con piedra y argamasa. Sin embargo, la cueva de Salamanca, aunque tapiada por las autoridades, continuaba su labor cerca del seminario de Carvajal, al que todos siguen llamando “Torre de Villena”.

Y, lejos de quedar enterrada y olvidada, su memoria traspasó los siglos y las fronteras, tanto que, en algunos lugares de Hispanoamérica, se denominan “salamancas” las cuevas encantadas en las que se cree se reúnen las brujas.

“De la vieja leyenda nigromántica y alquímica de esta ciudad, de lo que ha hecho que el nombre de Salamanca signifique lo que significa en apartados rincones de esa tierra americana –¡la Salamanca!-, de ésa, ¿qué he de deciros?. Aún discuten aquí dónde se encontraban las famosas cuevas en que el marqués de Villena se dedicaba a sus brujerías y encantamientos”.  Miguel de Unamuno.

inquisicion

En el centro de la portada encontramos el escudo de la Inquisición española. A un lado de la cruz, una mujer con la espada simboliza el trato a los herejes, al otro lado otra mujer con la rama de olivo grafica la reconciliación con los arrepentidos. Rodea el escudo la leyenda «EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM. PSALM. 73», que en latín significa: Álzate, oh Dios, a defender tu causa, salmo 73

La Inquisición Española fue instaurada en el año 1238 y perduró hasta 1834 durante la regencia de María Cristina. Pero cuando adquirió mayor auge fue durante el reinado de los Reyes Católicos, los cuales la reinstauraron en Aragón en 1478.
En un principio se tendría que ocupar de los judíos convertidos al cristianismo, es decir, los judíos conversos. Este término se aplicó a los judíos que se habían bautizado y a sus descendientes. Como muchos de ellos lo habían hecho a la fuerza siempre fueron mirados con desconfianza. Estos conversos se instalaron en las posiciones abandonadas por los judíos y ocupándose de las actividades que aquellos habían desempeñado: comercio, préstamo, artesanía…y, además, al ser cristianos, podían acceder a oficios que antes estaban prohibidos a los judíos, como por ejemplo, cargos públicos. Así que esto no les hizo mucha gracia a los cristianos viejos y empezaron a haber ataques hacia los conversos, para justificar estos ataques se afirmaba que eran falsos cristianos y que seguían practicando a escondidas la religión judía.

“La cosecha de herejías recogida por la primera Inquisición debió su éxito a la falsificación deliberada o a la forma completamente indiscriminada en la que los vestigios de costumbres judías se interpretaron como herejías. […] No hubo una religión conversa sistemática en la década de 1480 que justificara la creación de la Inquisición”.  [1]

Pero las cosas se les van de las manos y la Inquisición recibe críticas y quejas de todas partes. Las familias de los condenados van más lejos y denuncian, directamente al Papa, la crueldad de los inquisidores. El Papa Sixto IV, confiesa en una carta del 29 de enero de 1482 que se precipitó al conceder a los reyes el establecimiento de la inquisición, y reconoce que los inquisidores han abusado de su poder.

Al verse sometido a fuertes presiones diplomáticas, el Papa da marcha atrás en su intención de revocar la autorización que había dado a los reyes, y el 11 de febrero de 1482 permite que los inquisidores continúen en sus cargos y amplía su número, aunque exige cambios importantes en el funcionamiento del tribunal: que los inquisidores rindan cuentas ante los obispos; que no se oculten los nombres de los testigos de cargo; y que los condenados puedan recurrir la sentencia a Roma.

Pero el rey Fernando de Aragón no admite ninguna de estas condiciones y de nuevo el Papa acaba cediendo. Lo único que consigue es que puedan apelar ante el arzobispo de Sevilla,[2]pero al mismo tiempo nombra inquisidor general al dominico Tomás de Torquemada, por lo que, a partir de ese momento, será él quien nombre a los inquisidores.

Torquemada

“El pulso con el papado acaba, pues, con el triunfo de los soberanos. El primero renuncia a favor de los segundos a una de sus prerrogativas esenciales; la defensa de la fe y la lucha contra la herejía dependen ahora en España de un tribunal que actúa por delegación del papado, pero que está bajo la autoridad del poder civil, que designa a sus magistrados” [3]

En la bula del 18 de abril de 1482 el papa Sixto IV hace una durísima e insólita crítica a la actuación de los inquisidores:

“En Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña la Inquisición lleva tiempo actuando no por celo de la fe y la salvación de las almas, sino por la codicia de la riqueza, y muchos verdaderos y fieles cristianos, por culpa del testimonio de enemigos, rivales, esclavos y otras personas bajas y aún menos apropiadas, sin pruebas de ninguna clase, han sido encerradas en prisiones seculares, torturadas y condenadas como herejes relapsos, privadas de sus bienes y propiedades, y entregadas al brazo secular para ser ejecutadas, con peligro de sus almas, dando un ejemplo pernicioso y causando escándalo a muchos”

Haciendo aquí un inciso en la historia para analizar este texto, vemos que, aunque en este momento la inquisición se ocupara casi en exclusividad de los judíos, su forma de actuar era claramente la misma que se utilizó en la caza de brujas: “por la codicia de la riqueza (…) por culpa del testimonio de enemigos, rivales (…) sin pruebas de ninguna clase, han sido encerradas, torturadas y condenadas como herejes”

No fue diferente a otras instituciones similares en el resto de Europa pero, por su superior organización, y el gran apoyo recibido por los reyes, hicieron que en España tuviera un mayor impacto en la religión, la política y la cultura. Todo esto, unido al apoyo político, permitió que Tomás de Torquemada ejecutara a cientos de herejes.

Fue por la presión del rey Fernando que en octubre de 1483 el papa nombra a Torquemada inquisidor general. De esta forma la inquisición española quedaba unida bajo un solo mando, convirtiéndose en la única institución cuya autoridad abarcaba todos los reinos de España.

Pero en la corona de Aragón no estaban muy conformes con esta decisión, alegando que violaba los fueros de cada uno de ellos (por ejemplo la confiscación de bienes, era contraria a ellos) y tampoco estaba permitido que los naturales de otros reinos pudieran ocupar cargos (Torquemada y la mayoría de inquisidores eran castellanos y por lo tanto extranjeros) y, por si fuera poco, afirmaban que allí no tenían herejes. A lo que el rey contestó:

“No hay la menor intención de infringir los fueros, sino más bien la de reforzar su observancia. No puede imaginarse que vasallos tan católicos como los de Aragón pedirían, o que reyes tan católicos concederían, fueros y libertades adversas a la fe y favorables a la herejía. Si los antiguos inquisidores hubieran actuado concienzudamente de acuerdo con los cánones, no habría habido causa para traer estos nuevos; pero no tenían conciencia y estaban corrompidos por el soborno.

Si hay tan pocos herejes como se dice, no hay por qué temer a la Inquisición. No hay que impedirle que secuestre, confisque o haga cualquier otro acto necesario, para asegurarse de que a ninguna causa o interés, por grande que sea, se le permitirá que interfiera con sus procedimientos en el futuro, como ocurre ahora.”

Las diferencias fundamentales de la Inquisición Española frente a la Pontificia era que los inquisidores eran elegidos por los reyes y no por el papa y que los procesos no eran apelables en Roma. Torquemada fue nombrado así Inquisidor Supremo, la sede primitiva se encontraba en Sevilla pero fue trasladada a Toledo. La autoridad del Inquisidor Supremo era total e inapelable y presidía un consejo de 5 ministros. Por la facultad otorgada por el papa Clemente VIII se revisaron todo tipo de documentos impresos y prohibieron la lectura de todos los libros que ellos consideraron que eran perjudiciales para la moral o contrarios a los ritos y disciplina de la Iglesia.

Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum 

Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum o “Índice de libros prohibidos”

No se sabe exactamente en qué año la Inquisición empezó a interesarse por las brujas, pero se sabe que la primera fue Gracia del Valle, quemada en Zaragoza en 1498.

De todas formas en España no fue tan grave la caza de brujas como en el resto de Europa ya que, según se dice, en España, Portugal e Italia, el Santo Oficio ya tenía suficiente con perseguir a judíos, mahometanos y protestantes, no les quedaba tiempo para ir persiguiendo brujas.

En 1539, Pedro Sánchez Ciruelo escribe uno de los primeros tratados sobre brujería en España “Reprobación de las supersticiones y hechicerías” en el cual opina que la hechicería debería dejar de ser herética y quedar bajo el control secular, ya que no se ve en ella intervención del demonio.

Ciruelo ataca la superstición partiendo de la mentalidad de donde surge. Por ello reproduce las formas de pensamiento propias de un hombre al que denomina «simple» que

“ante una enfermedad primero recurre a los médicos con los que hemos gastado tiempo y dinero con ellos, y en las medicinas, y nunca emos hallado remedio en ellos, antes avemos empeorado. Después, con mucha devoción, nos hemos encomendado a Dios y a los santos, haziendo decir missas, limosnas, ayunos y otras obras piadosas y sanctas y nunca emos alcançado remedio de sanidad en nuestras necesidades. Y veemos que, con ensalmos y nóminas, sanamos en pocos días muy fácilmente y a poca costa. Pues, ¿por qué no será lícito que busquemos otros cualesquiera remedios para nuestros males, por donde quiera y como quiera que pudiéremos averlos?”

 Para Ciruelo las únicas soluciones posibles a cualquier enfermedad pasan por la voluntad de Dios y los límites que el mundo natural marca.

De ahí que considere traición trascender estas fronteras y «antes debe perder todos los bienes deste mundo que peccar contra Dios»

Cuando el sistema de valores y creencias del cristianismo se estataliza, el contenido de la religión y de sus formulas rituales se desvían hacia la superstición, ya que el creyente relaciona la oración con los poderes sobrenaturales. Debido a esto surgen excesos que estaban arraigados en la cultura popular y que se multiplican en periodos de crisis espiritual, económica y social.

Santo Tomás explica que hay dos vicios opuestos en la religión cristiana: uno, ocasionado por defecto, es la incredulidad y el otro, ocasionado por exceso, la superstición.

En la época que estamos tratando, el exceso y el defecto, la herejía y la superstición, se unen formando un círculo que rodea al catolicismo.

En la “Reprobación de las supersticiones y hechicerías” Ciruelo hace un recuento de rituales y costumbres considerados como supersticiosos a comienzos del siglo XVI. Prácticas y creencias que se aplicaban y aparecían en textos literarios, jurídicos, médicos, etc. con agüeros, ensalmos, saludadores, santiguadores, desaojadoras, conjuradores de tormentas, descomulgadores de plagas, etc.

Reprobación de las supersticiones y hechizerías

Paso a paso elabora su pensamiento y levanta en sus páginas todo un edificio de supersticiones y artes mágicas. Los cuatro pilares que sustentan la base de sus planteamientos son: la nigromancia, la adivinación, el ensalmo y la hechicería.

Lo que resulta más curioso es que, el mismo teólogo que rechaza el poder de los amuletos sostiene que en ocasiones las brujas vuelan al aquelarre. El mismo tratadista que considera que las posesiones demoníacas eran enfermedades mentales que en su tiempo aun no se podían curar, recomienda beber el agua del lavatorio de las llagas de la imagen de un santo para protegerse de los maleficios.

El mismo reprobador que prohíbe a los párrocos rurales conjurar las nubes de tormenta, ya que toma por falsa la creencia que sostiene que los demonios provocan las tempestades, sugiere colocar en las esquinas del lecho de los enfermos montones de mirra e incienso benditos para alejar el riesgo de hechicerías futuras. [4]

El obispo de Ávila, Alfonso de Madrigal apunta, ya en el año 1436, en el Concilio de Basilea, que los delirios de las brujas eran debidos a la acción de ungüentos y drogas.
En 1585 el Papa Sixto V promulgó una bula en la cual condenaba todo tipo de artes adivinatorias, incluyendo la astrología que hasta entonces no había sido mal vista, pero la Suprema impidió la difusión de esta bula papal. Así España se iba librando de esta contagiosa locura anti brujeril, a excepción del único caso destacado en España, el proceso de Logroño, en el que se juzgó a las brujas de la localidad navarra de Zugarramurdi. En el auto de fe que tuvo lugar en Logroño los días 7 y 8 de Noviembre de 1.610, fueron quemadas vivas 6 personas y otras 5 en efigie (de los 1802 acusados, 1384 eran niños de 12 a 14 años). En general, sin embargo, la Inquisición mantuvo un escepticismo notorio hacia los casos de brujería, considerando a diferencia de los inquisidores medievales, que se trataba de meras supersticiones sin base alguna. Alonso de Salazar, tras el proceso de Logroño, en un informe a la Suprema, indicaba,

“ No hubo brujas ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a hablar y escribir de ellos”.

 A partir de 1611 no se ejecutó a nadie por brujería, aunque continuaron las condenas por hechicería. Según Gustav Henningsen

“La inquisición podía haber causado un holocausto de brujos en los países católicos del Mediterráneo, pero en España fue la salvación de miles de personas acusadas de un crimen imposible.”

Aunque la caza de brujas termina con el Auto de Fe de Logroño en 1610, aún tenemos una memoria judicial de 1613, en la cual se demuestra que ninguna bruja fue quemada. A partir de éste momento desapareció casi por completo la caza de brujas, las tomadas por brujas no fueron castigadas, o se encontraron contradicciones en sus declaraciones. Pero, todavía siguen apareciendo publicaciones sobre brujería hasta el s. XVIII, que, con la llegada de la Ilustración, dará paso al escepticismo y cesará por fin la caza de brujas en España.

Pero la Inquisición y la caza de brujas, como hemos ido viendo, no era lo más relevante en el tema de la brujería en cuanto a nuestro país se refiere.

Ya hemos visto que la Inquisición pasó bastante de este tema, dejándolo en manos de la justicia civil,  sin embargo, España es un país rico en historia bruja. Más concretamente el norte, sobretodo en la zona lindante a los Pirineos, lo que no excluye otros lugares de la península, pero sí hay notables diferencias en cuanto a la persecución y a la forma de ver la brujería. Pero esto lo iré tratando por partes en otros artículos.

[1] Kamen, Henry (2011). pp. 40.

[2] Derecho que será revocado el 25 de septiembre de 1486, pasando a realizarse las apelaciones ante el inquisidor general

[3] Pérez, Joseph (2012) [2009]. pp. 33.

[4] Michel de Certeau, L’écriture de l’histoire, Paris: Gallimard, 1975

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