John Hunter, un hombre de su tiempo.

John Hunter  fue un hombre de su tiempo, un cirujano reconocido, quizá pudo ser el mejor cirujano que hubo existido jamás, pero sin embargo, prefirió cambiar la fama por su ansia de conocimiento y esto, como a tantos otros, le llevo al olvido.

John Hunter

Nació en Escocia en 1728, hermano de William Hunter, también un hábil cirujano con el que se mudó a Londres para abrir una escuela de anatomía. Pero John era un rebelde, una mente inquieta al que solo interesaba el conocimiento, no la práctica. Y, mientras que sus contemporáneos solo querían enseñar anatomía, el se preocupaba por otras cuestiones, como el funcionamiento de los órganos en toda clase de seres vivos. Creía que un buen cirujano debía comprender las adaptaciones que sufría el cuerpo ante enfermedades, heridas o cambios en el ambiente. No todo era saber anatomía y extirpar un órgano enfermo, si no conocer el por qué de esa enfermedad.

A los 21 años comenzó como asistente de su hermano en las disecciones y enseguida se puso a practicar por su cuenta.

Se dijo que el hermano de Hunter, William, y su ex tutor William Smellie, fueron responsables de la muerte de muchas mujeres, cuyos cuerpos fueron utilizados para estudios sobre el embarazo. John fue acusado de haber sido cómplice en estas muertes, ya que fue en la época en la que trabajaba como asistente de William.[1]

Se apartó tanto de la concepción de la cirugía en su época, que se ganó el apodo de el “cirujano reacio” ya que solo operaba cuando era estrictamente necesario, sin embargo, gracias a sus estudios hoy en día tenemos un mayor conocimiento en cuanto a inflamaciones, heridas, trasplantes y sobre todo a las enfermedades venéreas, un estudio que le costó su propia vida.

resurrection

“The Resurrection or an Internal View of the Museum in W-D M-LL street on the last day” 1782
Hunterian Museum & Art Gallery William Hunter collections, catalogue number GLAHA 40609

Su pasión por el estudio de los seres vivos comenzó cuando, en 1760, fue destinado con la Armada Británica como cirujano, en Francia y Portugal, donde recogió numerosos especímenes de la fauna local. Cuando regresó a Londres formó una colección con 14.000 muestras de más de 500 especies de animales y plantas, que actualmente se pueden ver en el Royal College of Surgeons de Londres.

Fue capitán médico en la expedición a la isla francesa de Belle Île en 1761 y al año siguiente con el ejercito británico en la expedición a Portugal. En contra de lo que prevalece en la opinión médica del momento, Hunter estaba en contra de la práctica de la “dilatación” de las heridas de bala. Esta práctica consistía en la ampliación deliberada de la herida con el objetivo de quitar la pólvora más fácilmente. Las condiciones insalubres de aquella época aumentaba el riesgo de infección, y Hunter era de la opinión de no realizar la dilatación a excepción de que fuera necesaria para otra cosa, como por ejemplo la eliminación de fragmentos óseos.

Hunter dejó el ejército en 1763, y pasó cinco años trabajando con James Spencer, un conocido dentista de Londres. Aunque no fue el primero en realizar trasplantes de dientes, hizo avanzar el conocimiento de este area al darse cuenta de que las probabilidades de un trasplante exitoso se mejorarían si el diente del donante era fresco y similar al tamaño de los del destinatario. Aunque los dientes donados no estaban correctamente unidos a las encías de los destinatarios, uno de los pacientes de Hunter declaró que tenía tres que duraron seis años, un periodo notable para la época.[2]

cabeza de gallo con diente humano

Cabeza de un gallo con un diente humano que sobresale de la parte superior. John Hunter hizo varios experimentos extraños en el trasplante durante el siglo XVIII. El gallo con dientes se puede ver (como elemento RCSHC / P 56) en el Museo Hunterian en la universidad real de cirujanos, de Lincoln Inn Fields.

Hunter estableció su propia escuela anatómica en Londres en 1764 y se inició en la práctica quirúrgica privada y llegó a popularizar los trasplantes de dientes entre los seres humanos. Todo el mundo hacía cola para que sus dientes delanteros relativamente saludables fueran arrancados de sus encías (sin anestesia) a cambio de dinero. Los dientes extirpados entonces serían implantados en las encías de los ricos de dientes separados. Los nuevos colmillos podían permanecer en el lugar durante varios años, pero nunca totalmente adheridos y eran propensos a transmitir enfermedades. Este capítulo sombrío en la historia de la odontología llegó a su fin a principios del siglo XIX con la llegada de las dentaduras falsas.

En 1765, Hunter compró una casa cerca del distrito de Earls Court en Londres. La casa tenía un gran terreno que fue utilizado para albergar una colección de animales, incluyendo cebras, búfalos asiáticos y  cabras de montaña, así como chacales. En la propia casa, Hunter reducía los esqueletos de algunos de estos animales como parte de la investigación sobre la anatomía animal. Un artículo en el periódico informó que muchos animales que se supone que “deben ser hostiles entre sí, en este nuevo paraíso, la amistad prevalece “, y esta imagen puede haber sido la inspiración para el Doctor Dolittle, un personaje literario.

museo hunterian

Ilustración de Hunterian Museo,
Real Colegio de Cirujanos de Londres

Esta colección con 14.000 muestras de más de 500 especies de animales y plantas actualmente se pueden ver en el Royal College of Surgeons de Londres.

A parte de dedicarse a estas investigaciones, también atendía pacientes con pocos medios en su propia casa, casi siempre sin cobrar, aunque no era un santo, ya que esto le permitía estudiar con ellos.

Sus gustos eran algo extraños, prefería andar por los barrios bajos y rodearse de gente de dudosa reputación, esto le permitía entablar relación con ladrones de tumbas que le podían aportar cuerpos para realizar autopsias.

Hunter fue elegido miembro de la Royal Society en 1767. En ese momento se le consideró la Autoridad sobre las enfermedades venéreas. Él creía que la gonorrea y la sífilis eran causadas por un solo patógeno. Vivía en una época en que los médicos con frecuencia experimentaban en sí mismos, se inoculó a sí mismo la gonorrea, pero usó de una aguja que fue, sin saberlo, contaminada con sífilis. Cuando contrajo sífilis y gonorrea, se dio cuenta de que  su teoría era errónea. Incluyó sus conclusiones en su Tratado sobre la enfermedad venérea, publicado por primera vez en el año 1786. Debido a la reputación de Hunter, el conocimiento acerca de la verdadera naturaleza de la gonorrea y la sífilis fue retrasado, y no fue sino hasta 51 años después que su teoría se demostró ser errónea, por el médico francés Philippe Ricord.

Cráneo humano afectado por sífilis

Cráneo humano afectado por sífilis

penes sifilíticos

penes sifilíticos

EL AHORCADO

Hunter hizo hincapié en que las victimas de ahogamiento no debían darse por muertas inmediatamente y, por tanto, recomienda medidas agresivas en el tratamiento de una víctima por ahogamiento, como pueden ser: el uso de un doble fuelle para insuflar aire en los pulmones del ahogado, aplicación de vapores que estimulen la nariz, mantener el cuerpo caliente y masajearlo vigorosamente con aceites esenciales. Cuando todo esto fallaba, Hunter aconsejaba el uso de estimulación eléctrica al corazón.

La resucitación debía hacerse científicamente, con un cuaderno en el que el médico pudiera ir registrando cuidadosamente lo que funcionó o no en la reanimación del paciente.

Mediante su experiencia en la disección de criminales ejecutados, Hunter sabía que los verdugos eran bastante descuidados con su trabajo en la horca. Por aquella época a los convictos solo se les daba la suficiente cuerda como para estrangularlos lentamente por falta de oxigeno e, incluso en este momento, la muerte no era segura y hubo casos de presos ejecutados que despertaron después de haber sido dados por muertos. La idea de que un criminal ejecutado pudiera ser reanimado con éxito atrajo a Hunter, y un caso famoso tras pasar por los tribunales ingleses le proporcionó la oportunidad perfecta.

El reverendo William Dodd nunca fue un clérigo típico, su estilo de vida extravagante hizo que se convirtiera en una figura popular en la sociedad británica.

Fue capturado por estafas de miles de libras, por falsificación y fraude, y puesto que estos eran delitos capitales en aquella época, fue rápidamente arrestado y llevado a juicio. Tras confesar su crimen, fue condenado a muerte y ahorcado el 27 de junio de 1777.

Mientras Dodd era llevado a la horca Hunter esperaba en la funeraria con todas las herramientas necesarias para la reanimación. Aunque Hunter nunca escribió sobre su intento de revivir a Dodd, su compañero Charles Hutton, miembro de la Royal Society, proporcionó un relato de todo lo sucedido.

A pesar de los intentos de Hunter por obtener el cuerpo de Dodd inmediatamente después de la ejecución, la enorme cantidad de personas que asistieron lo hizo imposible. Debido a esto, el cuerpo quedó colgado durante al menos una hora y, por si esto fuera poco, el coche fúnebre tardó cuarenta minutos en entregar el cuerpo a Hunter.

Aunque estaban consternados por la demora, Hunter y sus colegas procedieron a trabajar en el cuerpo de Dodd con todas las vías posibles para la reanimación. Desafortunadamente el intento fue un fracaso total y Hunter finalmente admitió la derrota. El cuerpo de Dodd fue preparado para el entierro.

Pero…

Años después de la ejecución se rumoreaba que Hunter no había fracasado y que había revivido a Dodd con éxito. La prensa registró varios avistamientos de Dodd en todo el Reino Unido y las historias de que Parsons había engañado a la horca persistieron. En 1794, un periódico inglés informó que Dodd estaba viviendo en Glasgow “felizmente lejos del alcance de sus enemigos”.

Además de anatomista y cirujano John Hunter era un gran coleccionista que organizó en su casa un verdadero museo de Anatomía Patológica e Historia Natural. Recogió personalmente y preparó los ejemplares para su colección, además de adquirirlos a terceros, gastando todos sus ahorros en el enriquecimiento continúo del museo, que llegó a tener 14.000 piezas.

Al carecer de suficiente espacio en su casa, adquirió un local a las afueras de Londres, donde construyó su museo de animales vivos donde los mantenía para observar sus hábitos y practicar sus estudios de cirugía experimental.

En 1783 conoció a Charles Byrne, un hombre que medía 2,35 m. y era conocido como “el gigante irlandés” y deseó tener su esqueleto para el museo.

Charles Byrne

Charles Byrne (1761-1783), también conocido como O’Brien irlandés gigante, el hombre más alto del mundo conocido es de casi nueve pies de altura.

Al enterarse de las intenciones de Hunter, Byrne no sólo se negó a donar su esqueleto en caso de muerte, sino que dejó instrucciones precisas de que su cuerpo fuera colocado en un ataúd de plomo y arrojado al mar.

Hunter no renunció a su propósito y la idea de apropiarse del esqueleto de Byrne le obsesionó. Finalmente el destino favoreció a Hunter que, a la muerte de Byrne, pudo sobornar al responsable de su entierro, y adquirió el cuerpo del gigante por la suma de 500 libras esterlinas, que tuvo que pedir prestadas.

El esqueleto del gigante que es hoy uno de los especímenes más famosos el Museo Hunterian de Londres.

gigante

Hunter murió a la edad de 65 años de forma espectacular. Sufría insuficiencia cardíaca y los ataques de angina de pecho le hicieron predecir su fin con las siguientes palabras: “Mi vida está en las manos de cualquier sinvergüenza que quiera molestarme y contradecirme”.

En una reunión de la Junta del Hospital St. George, donde estaban discutiendo quién sería su sucesor en el hospital, tuvo una acalorada discusión con sus interlocutores cayendo repentinamente con un infarto agudo de miocardio.

El personaje de Hunter ha sido discutido por los biógrafos:

Su naturaleza fue bondadosa y generosa, aunque exteriormente grosero y repelente ….

El Museo Hunterian en la universidad real de cirujanos conserva su nombre y su colección de especímenes anatómicos, adquiridos en 1799 por el gobierno.

escuela de anatomia John Hunter

escuela de anatomia John Hunter

Hunter ayudó a mejorar la comprensión de los dientes humanos, el crecimiento óseo y la remodelación, la inflamación ; heridas de bala; enfermedades venéreas ; digestión ; el funcionamiento de los lactíferos ; desarrollo del niño; la separación de los suministros de sangre materna y fetal; y el papel del sistema linfático .

La figura de Hunter fue la base para el personaje principal en la novela publicada en 1998 por Hilary Mantel  “El Gigante, O’Brien”.

Es posible que su casa de Leicester Square fuera la inspiración para la casa del Dr. Jekyll en la novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” . La casa de Hunter tenía dos accesos, uno a través del cual se accedía a la sala de estar, y otro, lo que lleva a una calle independiente, que proporciona acceso a su museo y salas de disección. Este patrón se hace eco de la de la casa en la historia, en la que el respetable doctor Jekyll utiliza una entrada de la casa y el señor Hyde otro.

Hunter también es mencionado por el Dr. Moreau en el Capítulo XIV de HG Wells ‘s La isla del doctor Moreau (1896).

Fotografía de una estatua del médico escocés John Hunter en la Universidad de Oxford

Fotografía de una estatua del médico escocés John Hunter en la Universidad de Oxford

[1] William Smellie y William Hunter acusados de asesinato …
Janette C Allotey
Universidad de Manchester UK
janette.allotey @ manchester.ac.uk
Teniendo en cuenta algunos de los casos complicados de obstetricia ilustrados, y que habría sido muy difícil encontrar algunos de los ejemplos de estos casos en la vida cotidiana o abrieron fosas al azar y encontraron estos casos o ordenaron los asesinatos.
William Smellie indica, en el prólogo de “Un conjunto de tablas anatómicas”, que los sujetos habían sido “preparado a propósito ‘. Los registros de su pupilo Peter Camper en su diario de 1761 indican que los casos del Dr. Smellie “no eran todos de la vida real” … Los niños se colocan en la pelvis de la mujer, los propios niños se veían naturales, pero otras partes fueron copiadas de otras preparaciones …’ Camper afirmó que en varias ocasiones había utilizado fórceps para sacar la cabeza del feto de un cadáver y, posteriormente, ‘hecho dibujos minuciosos y perfiles’ ante el cuerpo de la madre diseccionado.
Se hace evidente en la obra de Hunter que las 34 placas fueron tomadas de 12 temas diferentes. Hunter también era experto en la preservación de los especímenes con cera y moldes de yeso, como era práctica habitual en algunas ciudades de Europa. Esta economía en el uso de cadáveres para producir una serie de ilustraciones fue sin duda complementada con las habilidades de los artistas y grabadores que participan, que pueden, en ocasiones, haber recurrido a un cierto grado de “licencia artística”.

[2] John Hunter hizo varios experimentos extraños en el trasplante durante el siglo XVIII, incluyendo el injerto realizado con éxito del testículo de un gallo en el vientre de una gallina. He aquí su relato de la experiencia de los dientes en el “Tratado sobre la Historia Natural y enfermedades de los dientes humanos” , publicado en 1778:
“Tomé un diente de la cabeza de una persona; luego hice una herida muy profunda con una lanceta en la parte gruesa de la cresta de un gallo, y apreté el colmillo en la herida, lo até con hilos minuciosamente. El gallo fue asesinado algunos meses después, y inyecté una solución en la cabeza; se retiraron los puntos y se puso un ácido, y el diente fue suavizado por este medio. Me pareció que los vasos del diente estaban inyectados, y también observé que la superficie externa del diente se había adherido, de forma similar a la unión de un diente con la encía. “Hunter añade” permitirme una observación , que este experimento no se atiende generalmente con éxito. Tuve éxito, pero una vez después de un gran número de ensayos “.

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