El mar. Leyendas de pescadores y piratas.

Desde tierra firme, el mar siempre ha provocado entre nosotros una fascinación cargada de la mas variada mitología. Por su azul superficie han circulado ánforas llenas de aromáticos vinos, barriles de anchoas, tabacos y otros productos no tan materiales pero igualmente o más importantes como las ideas o las creencias, las artes, lejanas melodías y tantas y tantas historias que contribuyeron en la creación de las civilizaciones.

costa brava

Ampurias ha sido uno de los puntos que ha propiciado una mitificación más imperturbable de lo que el mar trajo de otros lugares y asentó en nuestras costas. Ante los mosaicos ampurianos, bajo las ramas de aquellos pinos que se funden con las propias olas, más de uno nos hemos sentido herederos de las grandezas de Ática, y la imaginación se desborda y te lleva a otras épocas, a otros lugares lejanos. Lugares que, sin necesidad de pisarlos, inspiraron a poetas y escritores.

ampurias

Joan Maragall templó su pluma en las playas de Caldetes donde imagina los amores de Ulises y Nausica. Mientras contempla el mar desde tierra firme imagina esas mismas olas en otras épocas, porque en el azul del mar hay una huella de eternidad y todo lo que baña también participa en lo eterno. Y el mediterráneo ejerce una atracción que cuece lentamente los mitos y las leyendas.

Pero en la costa de verdad, la que esta hecha de rocas y acantilados, la playa de los pescadores, los de mar adentro es diferente. Para el hombre que lo surca, el mar es un mundo enigmático, gobernado por fuerzas imprevisibles que igual pueden mostrarse amables que volverse de espaldas sin saber por qué.

La pesca puede ser abundante o tornarse escasa y la superficie marina ser plana como un cristal o verse azotada por la furia del viento. Y ni la experiencia ha podido nunca hacer nada ante tal misterio.

En las canciones populares se ve como este hecho se ha ido transmitiendo de padres a hijos y traduzco textual un trocito de una Habanera:

“Cuando tenía pocos años, mi padre me llevaba en barca, y me decía: cuando seas mayor, nunca te fíes de la calma, nunca te fíes de la calma, que es madre del temporal”

En cada época se han atribuido a las grandes tempestades unos efectos diferentes. En la Edad Media los marineros veían aparecer y desaparecer islas fantasmas. Los bestiarios medievales que entraron en Cataluña desde Francia e Italia, prevenían a los marineros ante un animal fantástico llamado Iacovía. Era similar a una ballena y tenía el dorso cubierto de arena. Esto hacia que los marineros, confundieran el animal con una isla y desembarcaran en el. Al llegar la noche encendían una hoguera y, la Iacovía, asustada por el calor del fuego, se hundía en las aguas y arrastraba a los marinos con ella.

Otro animal que se aparecía a los marineros de la Edad Media era la sierra, una especie de dragón de grandes proporciones que salía del mar y podía volar. Esta bestia solía perseguir a los navíos resoplando y cuando se cansaba volvía a precipitarse en el mar con gran estrépito.

monstruo marino

Estos dos animales fueron perdiendo crédito con la entrada de la Edad Moderna, pero otros supieron mantenerlo mejor, como por ejemplo la serpiente de mar que por la noche circula cerca de las embarcaciones de los pescadores y que muchos han visto y no han visto, pero que sigue infundiendo cierto respeto.

Y claro, hablando del mar, siempre nos viene a la mente las sirenas, que han quedado meramente como una referencia literaria. Cuando se habla de sirenas nórdicas en las costas catalanas a lo que se suelen referir hoy día es a las turistas escandinavas. Pero de sirenas fósiles nos ha llegado alguna, recuerdo de la Edad Media, que fueron una atracción en las ferias de la época, estas sirenas estaban hechas con cueros diversos, rellenas de paja y luego zurcidas y, lo más importante, colaboraron en mantener la credulidad popular, sobre todo la de las gentes de tierra adentro.

sirena

Pero todos estos fantásticos habitantes marinos no han supuesto una amenaza para los que se empeñaban en surcar los mares o los que, sencillamente, lanzaban sus redes en el. El verdadero peligro del mar es el agua, el oleaje, el huracán, la tempestad. En todos los pueblos de la costa perdura el recuerdo de madrugadas trágicas, con mujeres y niños alineados en la playa, esperando el regreso de la barca que la noche anterior se había llevado a alta mar el cabeza de familia.

La necesidad de dominar la furia del mar ha provocado una fe vehemente y al mismo tiempo un escepticismo de cemento armado, dos sentimientos que se traducen en una actitud variable que puede confundirse con una manera de ser sarcástica. Para que lo entendáis: los santos que son buenos para el pagés no siempre tienen las mismas virtudes para el pescador.

Vivir en la costa no siempre ha sido una delicia. Los visitantes que han puesto el pie en nuestras playas no siempre lo han hecho con el deseo de probar los langostinos o comerse una paellita en el chiringuito. A nuestras costas ha llegado gente muy malcarada, sable en mano o disparando trabucazos a diestro y siniestro. Las torres de vigía, aquí llamadas torres de guaita, que se levantan a lo largo de la costa y desde las cuales se daba la señal de alarma cuando un barco no identificado asomaba por el horizonte, son testimonio de ello.

torre de guaita

Cuando se nos recomienda hacer poco ruido y hablar en voz baja se usa la expresión “hay moros en la costa”, entendiendo “moro” de una forma genérica, ya que cuando se está corriendo peñas arriba a fin de refugiarse en lugar seguro, no hay tiempo para especificar.

Por este motivo las poblaciones se construían a una distancia prudente de la orilla, en primera línea se fueron alzando sólo las casas de los que vivían del mar, las modestas casas de los pescadores. A parte de las poblaciones como Tossa de Mar o Sant Feliu de Guixols que eran en si una fortaleza de defensa, lo mas normal era que se retirara la población tierra adentro, y si alguien llegaba con intención de atacarles, tuviera que correr el riesgo de internarse en el territorio.

Los barrios marineros comenzaron a afianzarse en épocas más seguras, tras la paliza dada a los turcos en 1571 en la batalla de Lepanto. Por dar algún ejemplo: las casas de Alcanar son posteriores a la propia población de Alcanar, y Calella de Palafrugell lo es también con respecto a Palafrugell. En el Maresme podemos ver esto en la misma toponimia: tenemos Arenys de Mar y Arenys de Munt, Vilassar de Mar y Vilassar de Dalt, etc… Arriba los payeses y abajo los pescadores, esto denotaba también una cierta separación entre la gente de mar y sus costumbres y la gente del interior.

 Carlos Barral escribe:

“El anticlericalismo de los marineros, si es que merece tal nombre la poca afición que los marineros de playa tienen a la gente de iglesia, debe de tener una explicación histórica que se habría de buscar en la segregación de estas comunidades de pescadores y navegantes, discriminadas, por las parroquias y sus rectores espirituales, de los municipios de payeses cerca de los cuales han nacido y persistido”

Pero este anticlericalismo no es antireligiosidad, es más bien otro tipo de culto, otras creencias y supersticiones más propias de la vida marinera. Los pescadores tenían por costumbre saludar al Sol naciente con estas palabras:

“Por Nuestro Señor, el Sol, amén”

Y en algunas comarcas, esta frase ha llegado a alcanzar formas más complejas hasta convertirse en una verdadera oración.

Sea como sea, el santoral marinero no coincide con el de tierra firme. Incluso en las poblaciones donde las comunidades de pescadores y payeses comparten el territorio, los cultos religiosos subsisten de manera paralela. Y de este modo tenemos santos patrones que protegen a los marineros de una punta a otra de la costa. Uno de estos es la Virgen del Carmen y el otro San Pedro, que aunque fue un pescador de agua dulce, su fama alcanza a todos los rincones del Mediterráneo.

Pero el más antiguo de los protectores celestiales con que cuentan los pescadores catalanes es Sant Elm (San Telmo) y a pesar de la fama de los otros dos, cuenta con una gran abundancia de ermitas y de accidentes geográficos que así lo atestiguan.

El Mediterráneo ha ido añadiendo a sus antiguos mitos grecorromanos otros mitos más próximos a la fe de quienes han ido poblando sus orillas y, a veces, la imagen del santo o de la Virgen ha aparecido flotando por si sola sobre las aguas.

A finales del s. XIV un vigía llamado Francesc Cantó que se encontraba en la playa de Tamarit, en Alicante, vio un raro objeto que se acercaba a tierra. Dio la voz de alarma y reunió en la playa a gente de los alrededores, Alicante, Elche, Santa Pola…  que sacaron del mar un arca de madera. Al abrirla vieron que en su interior viajaba una imagen de la Virgen.

misterio de Elche

Tras discutir el hecho, quisieron decidir a que población le correspondería rendir honores a la imagen, así que pusieron el arca encima de una carreta tirada por bueyes y dejaron que los animales decidieran el camino inspirados supuestamente por la mano divina. Los bueyes sin pensárselo dos veces se encaminaron a Elche, donde la virgen fue recibida con todos los honores y este hecho inició la tradición que ha desembocado en las actuales representaciones del Misteri de esta ciudad. Existe otra variante de la leyenda que dice que el arca llevaba ya la inscripción “Soy para Elig”, con lo que se ahorraron la prueba de los bueyes.

El hecho de que las costas norte y sur del Mediterráneo pertenecieran a dos áreas religiosas y culturales muy diferenciadas dio una gran amenidad al trafico marítimo.

La presencia de cautivos cristianos en Túnez y Argelia dio pie a la misión de los mercedarios que acudían a pagar su rescate. De esta manera un esclavo catalán, descubrió que lo que parecía un tapón de un canal de riego era una imagen de la Virgen María. Sin preocuparse por lo que pasaría con el agua, arrancó el tapón y le rindió el culto que merecía. Con la plegaria en los labios se fue a dormir y a la mañana siguiente se encontró en Barcelona. El hombre, sorprendido por el cambio de paisaje, dejó la imagen en la ciudad y prosiguió su viaje hasta su casa en Vic, al darse cuenta de que esta parte del viaje no iba incluida en el milagro. La Virgen sin embargo no le abandonó y en adelante, esta imagen fue venerada con el nombre de Madre de Dios del Buen Suceso.

En el campo, cuando amenaza el granizo, sale un corta-nubes y con unos exorcismos y un cuchillo ordena a las nubes amenazantes que se despejen y dejen paso al cielo azul. En el mar, la cuestión es más grave, pues no solo están en juego las cosechas, sino la vida de los hombres. En la costa la ceremonia empieza con una gran exhibición de señales de la cruz realizadas con la mano, al estilo episcopal, y si esto no funcionaba abandonaban el rito de las cruces y se ponían a dibujar círculos en el cielo con la mano armada de un cuchillo, llamando a los demonios en una especie de latín imaginario. La tormenta se deshacía antes de llegar a la orilla, casi siempre se deshacen, y esto mantenía vivo el prestigio de los diablos.

El hombre de mar fue uno de los primeros descubridores de la medicina preventiva. Ya sabemos que vale más prevenir que curar. La costa catalana está llena de ermitas desde las que, los protectores de los pescadores, permanecen atentos día y noche, y una vez al año reciben el homenaje de los que vienen a manifestar su agradecimiento. En algunos lugares, se hacen procesiones marineras, en otros se trata solo de pasear a la imagen por encima de las olas, como prueba de su señorío.

procesiones marineras

Las procesiones más conocidas son las que celebran los marineros de Lloret de Mar, el 24 de julio, que va desde la parroquia del pueblo a la ermita de Santa Cristina. En esta procesión hallamos dos cultos en competencia, uno que es probablemente el más antiguo, el de Sant Elm, y otro sustitutivo, el de Santa Cristina.

Otro hecho interesante de esta procesión es la justificación que parece necesitar a la hora de explicar su origen. Se dice que antiguamente el itinerario era terrestre, pero que por la dificultad de cruzar los arroyos que separaban Lloret de Santa Cristina, se pidió al Papa que les dejara hacer el recorrido por mar. De todas formas, la justificación se ve un tanto sospechosa, si se conoce el talante de estos arroyos y la climatología de la costa a finales de julio.

Hay otra razón de tipo ritual que señaló el camino hacia Santa Cristina y, si alguna vez la procesión había discurrido por tierra, debió ser por causa de fuerza mayor, de seguridad, por ejemplo, y una vez superada esta dificultad volvió a hacerse por mar.

En las ermitas costeras encontramos una gran tradición en los exvotos, también llamados retablones o presentallas.

Parece ser que en un principio estas presentallas consistían en objetos de uso corriente, el patrón de una barca depositaria un aparejo en recuerdo de aquella tempestad de la que consiguieron salir con vida, o en agradecimiento a una pesca abundante. Pero más adelante se quiso traducir el agradecimiento de una forma mas explicita y se representaron miniaturas navales o incluso pinturas ejecutadas por encargo a unos artesanos que hicieron de esta costumbre su profesión.

En la ermita de Vilar, en Blanes, se puede ver todavía un remo de 34 palmos que unos pescadores llevaron hasta allí porque la virgen de aquella ermita les había auxiliado en una situación desesperada.

ermita Blanes

Hoy día las historias de piratas nos recuerdan al Caribe, pero la piratería fue un modus vivendi que daba empleo a mucha mano de obra sobre las aguas del mediterráneo, ya que como trabajo resultaba mejor remunerado que la pesca y también mucho más lleno de alicientes.

En 1558, los turcos se colaron por el puerto de Ciutadella y gatearon por la muralla de la casa que hoy es el ayuntamiento. Era gente dispuesta a todo y bien preparada, así que se salieron con la suya y ocuparon la ciudad, no dejaron piedra sobre piedra.

Cuando partieron con un buen numero de cautivos, los que habían podido escapar reconstruyeron poco a poco sus casas y plantaron un obelisco en la plaza del Born en memoria a  este año, el 1558, recordado como “L’any de sa desgracia” (el año de la desgracia), aunque los sustos no cesaron: en 1559, setenta naves turcas bordearon Menorca; en 1561 se contabilizan 80 y el numero de cautivos ciudadelanos que viven y penan en Constantinopla en régimen de esclavitud son cerca de 4000 y es necesario negociar con los turcos a fin de establecer unas condiciones de rescate.

Port de Maó i l’església de Sant Francesc

En las costas del Principado la situación no era mucho mejor. Las Islas Medas, dos peñascos espectaculares, pero no nos engañemos, insignificantes, se convirtieron en nidos de piratas durante mucho tiempo inexpugnables. Y las irrupciones de escuadrillas piratescas en el curso del bajo Fluvià y del Ter fueron cosa frecuente.

Todo este material histórico se ha perdido en gran parte para la leyenda. Tal vez porque la imaginación de los catalanes no estaba para mucha juerga.

Los escritores de la Renaixença se ocuparon poco de los piratas, y cuando se ocuparon de ellos, los describieron tan tiernos que ni siquiera parecían piratas. El cancionero popular tampoco estaba mucho por el tema, asi que los tiempos fueron cambiando y las torres de vigía pasaron al capítulo de las curiosidades paisajísticas.

La vida durante el siglo 19 se llena de actividad, se levantan atarazanas, se constituyen sociedades navieras, los bajeles efectúan travesías regulares, exportan unos productos e importan otros.

La expansión naviera de los pueblos de la costa catalana no conoció limites en la época de los grandes veleros y del comienzo de la navegación a vapor.

Dentro de este escenario se sitúa la figura de la puntaire (la encajera). De la joven a la que un muchacho, antes de embarcarse, había jurado amor eterno: esta joven, se había dedicado a sentarse en la calle, mirando al mar mientras hacia encaje de bolillos. Cuando veía asomar una vela en el horizonte, el corazón le daba un vuelco de alegría. Pero después, cuando todos los marineros habían desembarcado, como el amado no regresaba, se iba otra vez a los bolillos.

puntaire

Puntaires hubo muchas, muchísimas. Puede que no todas se quedaran para vestir santos, pero, en todo caso, esperaron y desesperaron lo suficiente para dar lugar a un arquetipo femenino no conocido de todos. La puntaire ha sido una Penelope del proletariado, y su Ulises, en lugar de entretenerse con Circe y con Nausica, halló una plantación de bananas o de caña de azúcar, con una heredera frente a ello, una heredera que le proporcionó una vida todavía más dulce. El Mediterráneo, también aquí, como en la historia de los piratas, perdió la partida.

Hoy al hablar de playa, de calas paradisíacas, hablamos de manera inevitable de pieles nórdicas asadas bajo el sol, de contaminación, de alteración del medio ecológico, del typical Spanish… todo ello no hay que ponerlo en duda, constituye la simiente del mito. Y de esta realidad nuestra vivirán los mitómanos de mañana. Material para crear musarañas seguro que no les va a faltar.

PODÉIS ESCUCHAR EL AUDIO AQUI:

CANDIL INSÓLITO (programa 2 de la 2ª temporada 9-9-12)

En este programa Maria José Pérez Jover nos contará historias de piratas y de la mar, Juankar Moreno nos presentará a la descendencia catalana de María de Moctezuma y nos adentraremos en el mundo del lenguaje corporal.

http://www.ivoox.com/candil-insolito-2x02_md_1417261_wp_1.mp3″ Ir a descargar

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