España picaresca

españa imperial

España, ese país próspero, grande y libre, donde se dijo un día que no se ponía el sol, ya que sus dominios ocupaban terrenos en el mundo entero, conoció su ocaso hace ya bastantes siglos, no es nada nuevo lo que vivimos en la actualidad. Y las consecuencias de este ocaso las sufría, las sufre y las sufrirá siempre el pueblo llano que ya, en la España del s. XVII, luchaba por la supervivencia en los márgenes de la ley. Por estos años, la picaresca se convirtió en una forma de vida y dio también una gran inspiración literaria, gracias a la cual ha llegado hasta nuestros días la forma en que, las gentes de aquellas épocas, intentaban mitigar el hambre, la escasez y la miseria de un país que todavía ostentaba los brillos imperiales.

¿Quién no ha esbozado una sonrisa leyendo El Buscón o El lazarillo de Tormes? Una sonrisa agria, porque lo que se narra es un fiel retrato de la realidad, una realidad que no pasa de moda; porque España es la cuna de los picaros, los ladronzuelos avispados que elevan el timo a la categoría de arte, robando a los ricos para dárselo a los pobres (ellos mismos). Pero hoy en día han cambiado un poco las tornas y los picaros de hoy, los que se valen de la treta y el engaño son los políticos, que con una graciosa sonrisa nos quitan todo lo que pueden mientras el pueblo llano pasa a ser el ingenuo engañado.

lazarillo

Pero vamos a ver cómo era la picaresca en aquella España ya casi olvidada y recóndita de una época en que vio como las riquezas del Nuevo Mundo se habían esfumado en guerras inútiles y suntuosidades de la nobleza y el clero. Ya sólo quedaba cada vez más escasez, cada vez más hambre.

Los siglos 16 y 17 fueron malos tiempos para toda Europa, pero en el caso de España resultaba más incomprensible y vergonzante, habiendo sido un país con la grandeza de un imperio.

Los campos se van abandonando asolados por sequias y plagas, y en las ciudades el hambre se cierne sobre la población.

Campesinos desposeídos, soldados retirados, viudas, huérfanos, ancianos, enfermos y mendigos vagan dejados de la mano de dios por todas las regiones, y en las grandes ciudades, se incrementan sus males con las epidemias de peste. Todo este conjunto de males empuja a España hacia su caída en el abismo a partir del desastre de la Armada Invencible en 1588, y como suele pasar sus efectos caerán sobre las gentes más desfavorecidas, que en algunas partes sobrepasan la mitad de su población.

En estos momentos de necesidad (y recordemos que hablo del siglo XVII) la especulación y la usura están a la orden del día y no deja de ser inmoral que no haya ninguna institución capaz de amortiguar la carestía de la vida cuando las cosas se ponen mal.

Los alimentos básicos alcanzan precios inimaginables y las revueltas surgen aquí y allá: los estudiantes de Salamanca asaltan los comercios, los campesinos se revelan, y en todo este caos la avaricia no cede, incluso aprieta para sacar más partido a la situación. Para colmo de males los mallorquines contemplan esperanzados la llegada de naves genovesas cargadas de trigo. Pero están apestados, y corre la voz y el desencanto y la desesperación aumenta. Pero esto era una mentira, los mercaderes que se enriquecían con los altos precios del cereal son los autores del bulo, que podrán seguir con sus arcas llenas y sus conciencias tranquilas.

En 1533 la mitad de la población de Palencia eran pobres, y poco tiempo después el ayuntamiento reconoció que la causa de la miseria general era la apropiación de heredades por parte del obispado y el cabildo. Años antes, en 1523, Juan Daza describía en Jerez de la Frontera, los horrores de una escasez que llevo a muchos al extremo de la antropofagia. Escasea el ganado, se encarece el transporte, la vida aprieta y nada es suficiente para paliar tanta desgracia. Sí que es verdad que hubo letrados ilustres en el s. 16 que mostraron su preocupación y propusieron soluciones, como Luis Vives y fueron loables las iniciativas de algunos sectores de la autoridad y el clero para socorrer a los necesitados. Los Montes de Piedad, pósitos, alhóndigas o Arcas de la Misericordia reparten comida y educación entre los más necesitado, eso sí, haciendo primero una selección de los que verdaderamente lo necesitan y rechazando a los que lo fingen. Los ayuntamientos se hacen responsables de sus mendigos, censándolos y dándoles una autorización para pedir a la entrada de iglesias y mercados. A cambio deben demostrar que son buenos cristianos y oír misa a diario.

mendigos en la catedral de Barcelona

Pero la decadencia definitiva del s. XVII recorta estas buenas intenciones y estos recortes traen el cierre de muchos hospitales que habían albergado a enfermos y mendigos. La misericordia ya no tiene razón de ser en este mundo y, quien tiene y puede, invierte su dinero en ganarse un mejor puesto en la otra vida. No ha habido otra época en la que se gastara tanto dinero en bulas, indulgencias y misas post mortem. Y los únicos que podían pagarse este paso directo a la eternidad eran la nobleza y el alto clero, que derrochan la riqueza que no tienen en ostentosas celebraciones para seguir siendo el escaparate de un imperio que se desvanece día a día.  Con la expulsión de los moriscos en 1609, la revuelta catalana y la independencia de Portugal en 1640 las cosas van a peor y hasta los soldados pasan a engrosar el número de pordioseros urbanos. Y cuando la legalidad cierra todos los caminos, solo queda el hampa como único modo de supervivencia. Entonces nacen los picaros, o mejor dicho: aumentan y se especializan. Porque pícaros ha habido siempre, pero nace el vocablo. No está muy clara la etimología, pero podría ser que se derive del término que designaba a mozos de cocina que se encargaban de partir o picar los alimentos y que, cuando se terciaba, sisaban un poco de aquí o de allá. También pudiera ser que hiciera referencia a la fama de ladrones y alborotadores que tenían los soldados de la región francesa de Picardía.picaresca

Pero, venga de donde venga la palabra, el hurto y el engaño se imponen en las ciudades como forma de supervivencia de personas sin oficio ni beneficio. Los pícaros no se conforman con ser mendigos, y prefieren aventurarse a otras formas de ganar dinero algo más arriesgadas pero que dan mejores y más rápidos ingresos.

No están los tiempos para conseguirlo con el empleo, que es poco y mal remunerado, y tampoco son rebeldes o revolucionarios: quieren saltarse el sistema, pero permanecer dentro de él. La palabra trabajo no goza de prestigio entre las clases altas y es una bajeza trabajar para los nobles de esta España en decadencia, y a estos nobles es a quien quiere arrimarse el pícaro para estar cerca de los lujos que ansía y hacerse con ellos al menor descuido.

De esta manera crece el número de sirvientes, a costa del afán de ostentación de los ricos, hasta tal punto que, en 1619 el Consejo Real pide a Felipe II que no haya tanta infinidad de criados ya que esto cría muchos vagabundos y que se tomen otros oficios que sean de provecho. Así que pasan de ser escuderos o lacayos a asalariados y el pícaro no soportará esta condición por mucho tiempo. Las desavenencias entre contratante y contratado, la injusticia en el trato y en el sueldo y, por otra parte, su desvinculación familiar, geográfica, religiosa y social suponen una amenaza para el orden establecido que es contrarrestada con la fuerza bruta. Las redadas en lugares frecuentados por los pícaros, como los mesones, posadas y las casas de juego, se hacen muy frecuentemente y no hay pícaro que no pase alguna temporada en las cárceles de la época.

trampas

Tiempos difíciles en los que la vida se la busca uno como pueda, y el pícaro, más que nadie, pone en práctica el “sálvese quien pueda”. Por más que se empeñe la inquisición, las cosas no pueden ser “como Dios manda” cuando lo que cuenta es la supervivencia.

Algunos pícaros alternan el delito con algún tipo de trabajo eventual dentro de la ley, para de este modo estar a la que salta. Hay especialistas en vender con rapidez los objetos robados y otros se ocupan de comprar productos como vinagre, aceite, vino, azúcar o miel para adulterarlos y obtener así mayor cantidad. Las técnicas se van haciendo más sofisticadas a medida que avanzan los malos tiempos y el pícaro cada vez abarca más facetas. Aunque hay alguno solitario, la mayoría forma parte de una organización, donde cada cual cumple un papel determinado. Los salteadores roban en los caminos, los estafadores a través del chantaje, los “capeadores” se ocupan de capas y manteos, los “grumetes” utilizan escaleras y anzuelos para sus robos, los “apóstoles” falsifican llaves, los “cigarreros” son hábiles con las tijeras para cortar bolsas y capas, los “devotos” son los mejores ladrones de iglesias, los “sátiros” se ocupan del ganado, los “dacianos” roban niños que luego venden a ciegos y mendigos, los “mayordomos” limpian despensas, los “duendes” son malhechores disfrazados, los “maletas” entran en las casas dentro de baúles o fardos, los “liberales” son asesinos a sueldo.

Cuando esta industria, al igual que cualquier otra, marcha bien, el pícaro ya tiene logrado su propósito, vivir según la moda de la alta sociedad. Y como al nuevo rico actual, le falta tiempo para organizar fiestas y comilonas, comprarse los mejores trajes, una casa de postín, caballos y carruajes. Pasearse en carruaje es lo más y no pierden la oportunidad de hacerlo por las calles y plazas más nobles. Las ciudades son el ecosistema natural del pícaro. El incremento desmedido de la población, la miseria y las fechorías hicieron mella en Toledo, Granada, Valencia, Valladolid, Zaragoza o Madrid, pero sobretodo en Sevilla.

A Sevilla llega todo el comercio americano y hay zonas como Santa María la Blanca, el Arenal o el Campo de Tablada, totalmente dominadas por el hampa.

El ingenio para la supervivencia en los bajos fondos inspira a los autores y sus historias y la literatura picaresca se pone de moda entre las clases altas, que miran con miedo este mundillo delictivo, pero a la vez se sienten fascinados por su desenfadada inmoralidad.

Los antecedentes del genero los encontramos en El libro del buen amor escrito por Juan Ruiz en el s. XIV o en La Celestina de Fernando de Rojas publicado en 1499. Se inspira también en la llamada “literatura de cordel” que eran unos relatos por pliegos atados a una cuerda que los ciegos iban narrando de pueblo en pueblo, y claramente surge como antítesis a las novelas pastoriles y de caballerías, muy de moda por aquellas épocas.

celestina

El pícaro de la literatura no entiende de sentimientos y su viaje transcurre a través de diversos estatus sociales en una continua búsqueda de mejorar su existencia. Pero su suerte tan pronto va como viene y lo normal es que termine como empezó, pero cargado de las lecciones morales que irá aprendiendo por el camino.

En 1554 se publica El Lazarillo de Tormes, obra anónima tenida como la primera novela picaresca y con la novedad de ser un relato autobiográfico, aunque el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán es la que dio forma definitiva al género. Guzmán es un verdadero pícaro, un rufián cínico que engaña por placer y no por hambre como Lázaro.

Guzmán de Alfarache

El Buscón, de Quevedo, resalta por su lenguaje mordaz, aunque extrañamente carente de crítica social, seguramente porque el autor era todavía muy joven cuando la escribió.

El alma de lo picaresco llega también a la poesía con Góngora y Quevedo y asoma en el teatro con Lope de Vega, Calderón de la Barca o Cervantes. Los pintores se las apañan para reflejar imágenes de las calles, con cuadros como Los borrachos de Velázquez o Niños comiendo fruta de Murillo. Personajes que, como Lázaro de Tormes, parecen estar diciendo: “Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer”

Los borrachos de Velazquez

Y, sin duda, en estos días en los que nos ha tocado vivir se nota que somos hijos de la picaresca, o tal vez al revés, porque en su época de esplendor, la picaresca abordó con crudo realismo la verdad de su tiempo, en contra de las idealizaciones del Renacimiento. La novela picaresca refleja la sociedad en la que vive: la que distingue a los seres humanos según su cuna y da la espalda al pobre, que solo puede medrar ideando argucias y engaños superiores a los que se ve obligado a servir.

España de patraña y estafa, falsa, clerical y oscurantista, que nunca concede al pícaro la gracia heroica del triunfo sobre el poder. Su astucia solo le ayuda a sobrevivir.

Pocos países en la historia han ostentado la hegemonía mundial, España tuvo ese privilegio durante varios siglos. Lo que otros países robaron (tributos y botines de guerra) pueblan sus museos. Grecia y Egipto se pueden ver en el British de Londres y en el Louvre de París o en el Vaticano. ¿Pero donde están los tesoros incautados por España?

Los Austrias estuvieron dominados por validos, los Borbones con la Regente María Cristina que amasó una inmensa fortuna trapicheando con la sal, los ferrocarriles o la trata de esclavos.

La falta de organización en la Segunda Republica no se libra de despilfarros y corrupción. Alejandro Lerroux se vio obligado a dimitir por los escándalos del estraperlo y el cobro de favores… La trayectoria española del siglo XX está llena de casos con nombres propios conocidos de todos y el siglo XXI no se está quedando atrás.

estraperlo

España, pozo de dinero negro, prevarica, trafica, cobra comisiones y adjudica irregularmente. Para el diccionario de sinónimos, el pícaro es travieso, pilluelo, bribón, tunante, revoltoso o astuto. Buena parte de los españoles admira al que se enriquece, sin importarle los métodos.

Y la educación sigue siendo una asignatura pendiente en este país porque partir del subdesarrollo y la dictadura lastra. Tenemos un notable fracaso de instrucción infantil… y muchas carencias en los adultos. Desde la falta de uso de expresiones corteses y el casi nulo dominio de lenguas extranjeras, por no decir ya el uso correcto de nuestro propio idioma, a no pensar en los otros. Deberíamos dejar de “buscarnos la vida cada cual y el otro que se apañe” y centrarnos en la búsqueda de un bien común. Y tirar por la borda, de una vez por todas, la picaresca y todo lo que implica. A ver si por fin, logramos enderezar la historia.

PODÉIS ESCUCHAR EL PROGRAMA COMPLETO AQUÍ:

Candileros, ¿sois obedientes o unos corazones salvajes? ¡hasta donde llega vuestra obediencia? Se ha criticado mucho la excusa de la policía cuando esgrimía n el típico “obedecía órdenes”, pero ¿crees que es tan fácil desobedecer una orden? Y no me refiero a obedecer por miedo a las posibles consecuencias: pérdida de empleo, multas, etc., hablo de la obediencia sin más. Si os pregunto si vosotros actuaríais igual que los antidisturbios, la respuesta sería casi unánime: no. Pero ¿tan seguros estáis de ello? Debemos echarle picaresca a la vida, como lo hace María José, que nos hablara de la historia de la picaresca en España, cosa que aprovechará el pícaro de Juankar para hablarnos del motor de agua, patentado por Arturo Estévez Varela, y con ese motor haremos “El gran viaje” montados en el reflexiona-movil con el mejor chófer para ello Jordi Oliveres. Y ya, sin más, encendamos el candil.

http://www.ivoox.com/candil-insolito-2x10_md_1546791_wp_1.mp3″ Ir a descargar

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