RITUALES DE INICIACIÓN AL CAMPO (Ensayo sobre el trabajo etnográfico de los campos de Auschwitz basado en el libro “En el corazón de la zona gris” de la Dª Paz Moreno Feliu)

primo levi

Tratar de explicar algo tan horroroso a quien no lo ha vivido es una tarea totalmente imposible, ni siquiera sus propios protagonistas fueron capaces de expresar aquello, porque era algo que las palabras no podían describir: “Nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la de la destrucción de un hombre” (Primo Levi, 1987:39). Por este motivo, de todos los temas que Paz Moreno Feliu ha ido desmenuzando en esta obra, los rituales de iniciación al campo nos van a introducir, como lo hicieron con los propios protagonistas, en el horror de los campos de concentración, para llegar a entender lo incomprensible, para ponernos en su lugar.

Se adaptaron al campo, consiguieron sobrevivir, pero no pudieron volver a formar parte del mundo que habían dejado antes de que les despojaran de su condición de seres humanos.

El tema de los ritos de paso lo encontramos perfectamente explicado por la autora antes de adaptarlo y concretarlo al horror de los campos de exterminio, Sin embargo, Moreno Feliu, en ningún momento hace uso del sentimentalismo para hacernos comprender la crudeza extrema de lo que allí llegó a suceder, simplemente se vale de la documentación aportada en los juicios y de las memorias de los supervivientes y, estas últimas, están tan cargadas de “normalidad” que, si no fuera por las imágenes que tenemos presentes de Auschwitz, no seríamos capaces de entender por lo que llegaron a pasar. Y es precisamente este problema con el que se encontraron al ser rescatados del horror y volver a su vida anterior: era imposible que nadie se llegara a hacer cargo de tal dimensión destructiva.

Y al hablar de destrucción, no sólo nos referimos a la muerte física, que fue inmensa, sino a la muerte moral, a la destrucción de todo lo que confiere a una persona su calidad de ser humano.

Nos va a interesar, en este ensayo, analizar la forma en cómo se llega a morir mientras el cuerpo se mantiene con vida, qué mecanismos usaron los nazis para deshumanizar (y deshumanizarse) de tal modo.

En todas las culturas existen unos rituales que marcan el paso de una fase de la vida a otra (nacimiento, pubertad, matrimonio, reproducción y muerte) Pero, aunque estas etapas parecen biológicas, no lo son tanto, están formadas por ceremonias y rituales que nos preparan para dejar atrás la etapa anterior y  afrontar lo que venga después.

Según el antropólogo francés Arnold van Gennep “son los ritos que acompañan todo cambio de lugar, estado, posición social, edad” y su estructura consta de tres fases: separación o abandono de su antiguo estatus, un periodo de transición en el que predomina la soledad y el aislamiento de la persona que intenta adaptarse a esta nueva forma de vida para pasar a reincorporarse en la sociedad una vez asimilado el cambio.

Generalmente se cree que estos ritos tienen una función positiva, ya que ayudan a superar y enfrentarnos a situaciones y cambios críticos en nuestras vidas insertándolos en el marco de la normalidad,  pero no necesariamente el paso a la última fase ha de suponer un ascenso social, ni son todos tan benignos como los que, en nuestra sociedad “civilizada”, conocemos y asumimos sin darnos cuenta. También puede darse una degradación ritual, como expone Turner: “Los consejos de guerra o las ceremonias de excomunión crean y representan descensos, no ascensos”.

Podemos dar muestra de este tipo de “rituales negativos” citando las novatadas que reciben los nuevos alumnos en algunas instituciones académicas o los soldados recién incorporados al servicio militar, donde encontramos ceremoniales de degradación y humillación que marcan las relaciones de poder que ejercerían los ya iniciados ante los neófitos, afirmando los rangos y jerarquías sociales de ambos grupos.  Y, el ejemplo extremo de ritos donde estarían presentes estas relaciones de poder sería la esclavitud, cuya consecuencia es, por una parte, la muerte social o muerte en suspenso[1] de los esclavos y, por otra, el establecimiento de las relaciones de poder que ejercen los amos.

Con todo esto pretendemos exponer que rituales de paso hay en todos los ámbitos y situaciones de nuestras vidas, son necesarios para adaptarnos a los cambios, pero hay casos extremos que la condición de ser humano no podría asimilar, como la esclavitud o el tema que ocupa este trabajo, la única manera de que un ser humano afronte su nueva situación es, precisamente, quitándole su condición de ser humano.

El propósito, tanto en los rituales de iniciación a la esclavitud como en el ciclo iniciático de Auschwitz, es la des-socialización y la des-personalización del individuo para, posteriormente, introducirlo en la nueva comunidad como un no-ser social. La humillación hacia el individuo, su pasado, su raza y parentesco; eliminación del nombre, es decir, la identidad anterior; despojarlos de sus ropas y recuerdos e imposición de tatuajes, marcas o afeitados de cabeza. Todo esto representaría su muerte social y pasarían a asumir su nuevo estatus.

Pero, centrándonos en el modelo de Auschwitz, el rito de paso que serviría para insertar este brutal cambio de vida dentro de la “normalidad” del ciclo vital, tras la ruptura que se había producido entre su vida anterior y la que llevarían a partir de ese momento en el campo, no es tan simple como en los casos que hemos expuesto hasta ahora. Es decir, no existe una iniciación como tal, sino todo un conjunto de rituales concatenados que Moreno Feliu divide en dos iniciaciones, cada una de las cuales seguirá el esquema de tres fases dado por Van Gennep.

Separación y muerte social

Las primeras memorias comienzan con la detención, donde podemos ver las diferencias entre los prisioneros políticos (individuales) y las de las familias enteras en las que también encontramos diferencias, dependiendo de si eran detenidos en otros países europeos o si eran judíos alemanes. [2]

gueto varsovia

Después de una redada durante el levantamiento del gueto de Varsovia, un grupo de Judios se lleva al punto de reunión para la deportación. Varsovia, Polonia, abril o mayo 1943.
– Archivos Nacionales y Administración de Documentos, College Park, Maryland.

En este momento, son conscientes de que su vida ha tomado un giro terrible, pero no pueden llegar a imaginar, aunque les llegan rumores sobre los campos de trabajo, el infierno que les espera.  Su pasado se va destruyendo rápidamente, pero todavía están presentes sus familiares y amigos por lo que las relaciones sociales se hacen incluso más estrechas, ya que les une el miedo, la incertidumbre y la reclusión en espacios cada vez más pequeños.

La vida en los guetos es horrible, la gente vive hacinada y en un apartamento podían llegar a vivir varias familias, en la calle se amontonaba la basura y los desechos humanos. Las enfermedades se propagaban rápidamente y la comida era duramente racionada por los alemanes que solo les permitían comprar algo de pan, manteca y patatas. Los que conservaban algún objeto de valor podían cambiarlo por comida que entraba de contrabando, otros tenían que mendigar o robar para sobrevivir. Muchos murieron en los guetos por las enfermedades, el hambre y el frío, otros decidieron suicidarse.

Del gueto a los campos

Del gueto a los campos

Podemos ver que en esta fase ya han abandonado su vida anterior y que algunos no han logrado superarla. Les han despojado de todo lo material, pero aún conservan su identidad y su familia. Todavía son personas.

El tránsito, la incertidumbre

Varios días de viaje en un tren de ganado con las pocas pertenencias que les quedaban, hacinados en un espacio tan pequeño que no pueden ni sentarse, soportando temperaturas extremas, tanto en verano como en invierno. El olor de los excrementos aumentaba la humillación de los deportados que se iban transformando en el ganado, en la mercancía que esos vagones habían transportado anteriormente. Sin comida ni agua, muchos finalizaron su viaje en estos trenes, el resto terminaría su primera iniciación en las rampas de Auschwitz.

el tren a Auschwitz

La rampa de selección

La llegada a Auschwitz es un shok. Pueden escuchar las voces de mando, los silbatos y los culatazos contra los vagones, sonidos que les acompañarán durante el resto de su vida. Ya habían oído hablar de Auschwitz, imaginaban el horror, pero en el fondo esperaban un milagro, algo que, en psiquiatría, se conoce como la “ilusión del indulto” según lo cual el condenado a muerte concibe la ilusión de que será indultado en el último momento.[3] En el mismo andén, las familias que habían permanecido unidas hasta este momento, son separadas en filas de hombres, mujeres, niños y ancianos y, a partir de ahí, seleccionados los aptos para el trabajo. El resto continuarían su viaje hacia las cámaras de gas.

Las rampas ayer y hoy

Las rampas ayer y hoy

“Un médico y un comandante recibían al pie de la rampa los vagones. Clasificaban a la gente, o sea, les preguntaban su edad y su estado de salud. Los recién llegados, que no sabían nada, declaraban alguna enfermedad, y con ello firmaban su sentencia de muerte. Iban especialmente por los niños y los ancianos. Derecha, izquierda. Derecha, izquierda. Derecha, la vida; izquierda, el horno“.[4]

En los complejos rituales de paso referidos a Auschwitz, la fase de la rampa sería el comienzo de una nueva iniciación a su vida en los campos. En este momento todo es caótico, no saben donde están, a donde se llevan a sus familias ni que va a ser de ellos.

 Comienza la iniciación al campo

En esta fase seguimos en la rampa, donde finalizarían las tres etapas de la iniciación anterior, la muerte social, el paso de una vida con los seres queridos, a otra vida sin nada y sin nadie. La muerte ya no es simbólica, esta vez es real. Los “elegidos” en la fase de selección todavía están aturdidos y lo primero que van a aprender es que no tienen donde pedir ayuda, están totalmente indefensos. Empiezan a no ser nada para nadie.

separación

La humillación

Los recién llegados, totalmente desesperanzados y hundidos, pasan ahora por un ritual de humillación con el que quedarán totalmente deshumanizados. Son llevados al pabellón de desinfección donde les hacen entregar todos sus objetos personales, sus ropas, relojes, alianzas, fotos… todo lo que les uniera todavía a su pasado, no quedará ni rastro de lo que habían sido, y ya, completamente desnudos y desposeídos, les afeitan la cabeza y el resto del cuerpo, les desinfectan y los mandan a las duchas.

auschwitz duchas

Ya, ni ellos mismos se reconocen, les han quitado todo, sus recuerdos, su pasado y hasta su propia imagen. “Mientras esperábamos a ducharnos, nuestra desnudez se nos hizo patente: nada teníamos ya salvo nuestros cuerpos mondos y lirondos (incluso sin pelo); literalmente hablando, lo único que poseíamos era nuestra existencia desnuda.”(Viktor Frankl, 1991:15)

Pero aún falta despojarlos de lo último que les queda: su identidad, su nombre. A cambio les sería tatuado un número, al igual que los animales marcados a fuego por su dueño, conservarían esta marca en  la piel durante toda su vida, sería un recordatorio permanente de su sufrimiento. Los tatuajes se convirtieron en el método más duradero de deshumanización de los prisioneros. [5]

“Uno se convertía literalmente en un número: que estuviera muerto o vivo no importaba, ya que la vida de un “número” era totalmente irrelevante. Y menos aún importaba lo que había tras aquel número y aquella vida: su destino, su historia o el nombre del prisionero.” (Viktor Frankl, 1991:17)

El número también les confería una jerarquía: los que tenían un número muy bajo eran los veteranos, los que habían logrado sobrevivir más tiempo, son los que están completamente adaptados a la vida en el Lager, ocupan “puestos privilegiados” y tienen los mejores trabajos. Son ellos los que les harán saber, como si se tratara de algo normal (porque la muerte es algo normal en Auschwitz y se convertirá en su normalidad a partir de ahora) la suerte que han corrido sus familias. Es en este momento cuando se culmina el ritual, cuando se rompe permanentemente con su anterior existencia social. Se han convertido en animales, en autómatas insensibles ante el dolor, físico y psicológico. La deshumanización a la que han sido sometidos, no solo les convierte a ellos en animales, sino que ven a los demás de la misma manera. Los rituales de iniciación al campo no sólo los pasaron los prisioneros, los nazis también tuvieron “un antes y un después”, y estas ceremonias de deshumanización a la que son sometidos los presos, les sirven, a los que tienen que llevar a cabo tantas atrocidades, para no ver a estas personas como seres humanos, para poderlos tratar como mercancía, como animales, como basura.

tatuajes

Una vez terminados los ciclos de iniciación, los golpes, el hambre, el frío, la muerte, se convierten en algo cotidiano que ya no despierta ningún sentimiento, todo carece de importancia, lo único que interesa es la conservación de la propia vida. ¿Cómo se puede querer vivir en este infierno?

“En la primera fase del shock, el prisionero de Auschwitz no temía la muerte. Pasados los primeros días, incluso las cámaras de gas perdían para él todo su horror; al fin y al cabo, le ahorraban el acto de suicidarse.” (Viktor Frankl, 1946)

El cambio en el parámetro moral de los prisioneros, es lo que les ayuda a adaptarse a la normalidad del universo de Auschwitz y a vivir en esas condiciones con menos sufrimiento. Los rituales vividos les han servido para asumir su paso de una forma de vida a otra y ahora, una vez adaptados, siguen una vida normal dentro de una situación tan anormal como es sobrevivir en Auschwitz.

Pero ¿Podemos concebir todo este ciclo como un ritual de iniciación que concluiría con la liberación?

Debería ser algo normal la alegría, el gozo de la liberación, sin embargo no fue así. Fueron perfectamente preparados para sobrevivir en Auschwitz, pero reincorporarse a la vida social anterior no fue fácil y muchos no lo lograron nunca. El sentimiento de culpa y la vergüenza de volver a ser hombres, después de haberse comportado como animales, sin sentimientos, sin escrúpulos, seres egoístas luchando por su propia vida, queriendo justificarse y sin poder ser comprendidos por los que ni siquiera podían llegar a imaginar lo que se vivió en Auschwitz. Habían estado ausentes de moralidad todo ese tiempo y ahora, al darse de bruces con ella, volvían aquellos sentimientos que habían quedado anulados con su deshumanización. Volvían a ser humanos con todas sus consecuencias, con todo el sufrimiento que se cernía a su alrededor: el volver a empezar, solos, ellos y sus recuerdos. Avergonzados por haber hecho cosas inadmisibles para una sociedad normal, pero que eran la normalidad de la vida en el Lager.

 auschwitz barracones

Auschwiz queda adherido en la memoria de los supervivientes como un pasado que no es realmente pasado, algo que la propia supervivencia ayuda a integrar como un episodio más de la vida. Para los supervivientes, su vida se ha convertido en un “antes, durante y después de Auschwitz”

Primo Levi dijo: “hubiera podido matarme o dejarme matar, pero quería sobrevivir, para vengarme y dar testimonio de todo aquello. No creáis que somos monstruos, somos como todos vosotros, aunque mucho más desdichados” [6] Pero durante el resto de su vida, antes de terminar voluntariamente con ella, tuvo que ver muchos casos similares en el mundo. Porque el ser humano es así. Porque para que unos puedan estar arriba es necesario que otros muchos estén por debajo. Porque, como bien dijo Hobbes, “El hombre es un lobo para el hombre”

primo levi, si esto es un hombre

“Quien ha realizado la experiencia del poder, de la capacidad irrestricta de humillar a otro ser humano…, automáticamente pierde el poder sobre sus propias sensaciones. La tiranía es una costumbre, tiene su propia vida orgánica y se convierte finalmente en enfermedad. La costumbre puede destruir y embrutecer al mejor hombre, reduciéndolo al nivel de una bestia…, el retorno a la dignidad humana, al arrepentimiento… llega a ser casi imposible.” (Dostoievski, La casa de los muertos.)

Unos 300 sobrevivientes del campo de exterminio nazi de Auschwitz asistieron a una ceremonia por los 70 de la liberación del centro por el Ejército Rojo en Polonia. (Odd Andersen/AFP)

Unos 300 sobrevivientes del campo de exterminio nazi de Auschwitz asistieron a una ceremonia por los 70 de la liberación del centro por el Ejército Rojo en Polonia. (Odd Andersen/AFP) 27/01/2015

BIBLIOGRAFÍA

Agamben, G. 1999: Lo que queda de Auschwitz. Valencia, Graphic 3, 2000

Frankl, V.E. 1946: El hombre en busca de sentido. Barcelona, Ed. Herder, 1991

Meillassoux C. 1990: Antropología de la esclavitud, México, Siglo XXI.

[1] El esclavo es un muerto en suspenso porque no ha sido muerto en el campo de batalla o porque no ha sido ejecutado por sus crímenes, es decir, que le debe la vida al vencedor, al amo o a cualquiera que lo tome a su cargo, una vida que puede perder a manos de su captor en cualquier momento.

(Meillassoux, Claude. Antropología de la esclavitud. 1990 siglo XXI editores)

[2] Los detenidos en otros países europeos pasaban un periodo de confinamiento en centros concentracionarios antes de su deportación. Los judíos alemanes fueron marginados y recluidos en guetos.

[3] Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, Barcelona, Ed. Herder, 1991, pg. 13.

[4] Testimonio de Anita Lasker, una sobreviviente de Auschwitz recogido a mediados de abril de 1945 por el servicio alemán de la BBC.

[5]  Supuestamente era un método de identificación utilizado únicamente para los presos “útiles”, los que iban a utilizarse para el trabajo, para los que se ejecutaron inmediatamente no se emitió ningún número. Al principio se cosía a sus uniformes, pero había un problema cuando morían ya que, al ser eliminada su ropa, no se podían identificar los cuerpos.

[6] Agamben, Giorgio. Lo que queda de Auschwitz ,1999

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2 pensamientos en “RITUALES DE INICIACIÓN AL CAMPO (Ensayo sobre el trabajo etnográfico de los campos de Auschwitz basado en el libro “En el corazón de la zona gris” de la Dª Paz Moreno Feliu)

  1. “Nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la de la destrucción de un hombre” (Primo Levi, 1987:39). Realmente el holocausto marca uno de los puntos morales más bajos de la historia del ser humano. Asimilarlo es fundamental y en mi opinión no está sucediendo. En este momento, setenta años después, el holocausto es un arma política que Israel usa eficazmente para la defensa de su Estado instalado en tierras de otros sin respetar sus derechos ni las resoluciones internacionales. Se ha cumplido una ley psicológica en la que la víctima pasa a ser verdugo. En el Estado de Israel los derechos tienen que ver con la religión, los judios tienen todos los derechos, los musulmanes casi no tienen. Por tanto en realidad no hay defensa de la persona humana, porque se carece de ese concepto. Y esta debería ser la gran enseñanza del holocausto: no hagas a los demás lo que te han hecho a ti. Repetir el comportamiento de la segregación, de los muros, de la utilización constante de la fuerza y la violencia en las relaciones entre las comunidades humanas debería estar especialmente distante del comportamiento de un Estado judío, surgido en su primer momento con supervivientes del holocausto. Y sin embargo no es así. Efectivamente la enseñanza del holocausto no está asimilado, ni siquiera por el Estado heredero de quienes lo sufrieron. Este es el gran problema 70 años después.

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  2. Moseh Jentsch

    Pues ahora que pienso, nuestra lengua (que es la misma) tampoco tiene palabras para expresar las mentiras tan increiblemente gigantescas que han difundido la élite judía adoradora de un dios totalmente aborrecible y hambriento de sangre, y el holocausto es una de las más conocidas (y rentables), y por supuesto no será ni la primera ni la última…

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