Medicina insólita

trepanación

Médicos e investigadores, farsantes o no, han tratado desde siempre curar enfermedades (hasta aquí normal) con terapias tan ingeniosas como de dudoso rigor. Alguna de estas originales terapias os van a sonar a broma, os van a causar risa… pero os aseguro que a algún lumbrera de la época (y algunos más que siguen saliendo) intentó con más o menos éxito colar alguno de estos inventos como cura milagrosa y/o científica de alguna que otra enfermedad.

Algunas, estoy segura que os sonaran, otras son realmente insólitas, y esto solo es una pequeña muestra.

A mediados del s. XVII al humanista y jesuita alemán Atanasio Kircher se le ocurrió fabricar un artilugio, similar a un piano, que supuestamente tendría fines relajantes. Este piano contenía (ojo al dato) 9 gatos. Si, gatos de esos que hacen miau y ronronean. Cuando tocaba una nota, una aguja golpeaba al gatito en cuestión y esto hacia que maullase. (cruel, pero cierto) Supongo que esto fue el primer referente de lo que hoy día llamamos “musicoterapia”, quien sabe.

piano de gatos

Pero este señor no fue el primero, mucho antes, en plena Edad Media, el rey Eduardo el Confesor, inventó la practica de imponer las manos para sanar a los enfermos. Esto dio la idea de que, los reyes eran capaces de curar cualquier enfermedad solo con el contacto físico. Fue tal su arraigo que en Inglaterra se creó un Registro Real de Curaciones.

eduardo el confesor

San Eduardo Confesor (Izda.) examinando la agudeza visual de uno de los muchos ciegos que curó. A la derecha: tres ciegos conducidos por un tuerto.

Sabemos que existen curas milagrosas, enfermedades que se curan por actos de fe, casos inexplicables, pero realmente, hay algunos casos que, no es que sean inexplicables, es que realmente son absurdos. Y hay tantos tipos de curas y curanderos y milagreros, como incautos dispuestos a tragarse cualquier cosa con tal de no perder la esperanza de recuperar la salud.

“Cuando una medicina no hace daño, deberíamos alegrarnos y no exigir además que sirva para algo” afirmaba con cierta ironía el dramaturgo francés Pierre Auguste Caron de Beaumarchais, y la verdad es que no le faltaba razón, y si no, estad atentos a esta relación de terapias que os voy a dar, y os demostraré hasta donde es capaz de llegar el ingenio y el atrevimiento humanos a la hora de enriquecerse a costa de la salud del prójimo.

Luis Galvani, profesor de Anatomía de la Universidad de Bolonia, se encontraba un buen día diseccionando una pata de rana, cuando tocó con el bisturí el gancho de bronce del que colgaba el animalito. Esto originó una pequeña descarga eléctrica y la pata se contrajo. Galvani creyó haber dado con un importante descubrimiento. Así que se centró en ello y, tras repetidos experimentos en los que aplicaba descargas a animales muertos, el científico logró culminar su formulación sobre la electricidad animal, lo que conocemos por “galvanismo”.

galvani

Según afirmaba, el cerebro produce una corriente que es transferida por los nervios hacia los músculos. Según él, era la fuerza vital que anima la vida, y llegó a la conclusión de que, aplicando electricidad en la zona adecuada, un cuerpo inerte dejaría de serlo.

experimentos galvani

Galvani y sus seguidores recorrieron media Europa electrocutando ranas, vacas, perros o caballos difuntos (el bicho era lo de menos) ante un público que, muchas veces, no era capaz de terminar de ver aquellas demostraciones de pie. Para que os pongáis en situación vamos a escuchar el relato de uno de los testigos presenciales:

“Aldini, el sobrino de Galvani, después de haber cortado la cabeza de un perro, hizo pasar una fuerte descarga eléctrica de una batería a través de él. Las mandíbulas del can se abrieron, mostró sus dientes, los ojos se le movieron y, si la razón no hubiera detenido a la imaginación, uno casi hubiera creído que el animal estaba sufriendo y vivía de nuevo.”

experimentos galvani

Pero, como suele suceder, todo esto acabó pasando de moda y como no encontraron ninguna aplicación práctica para este invento, el galvanismo calló en el olvido. La única aportación que pudo dar, fue servir de inspiración a Mary Shelley para escribir su célebre Frankenstein, en 1818. ¿A qué os lo habíais imaginado?

frankenstein

Nos vamos a 1929, concretamente al 19 de mayo y, esta vez en España. El médico donostiarra, Fernando Asuero saltó a las portadas de los periódicos de la época por las increíbles curaciones que realizaba en su consulta situada en el centro de San Sebastián. Según parece, este medico era capaz de curar la parálisis, la sordera y muchas otras dolencias más, gracias a un método de su invención llamado Asueroterapia.

asuero

Este método consistía en introducir por la nariz del paciente un estilete terminado en forma de roseta con el que excitaba el nervio trigénimo.

Esta practica se hizo muy famosa en medio mundo y el doctor Asuero viajó a Argentina, Mexico o Cuba para dar conferencias y abrir consultas. En España se creó un intenso debate sobre este tema, en el que participaron Gregorio Marañón y Santiago Ramón y Cajal. Su veredicto queda resumido en un titular de El Heraldo de Madrid:

“El caso del trigémino. Si es broma, puede pasar”

Como defensa, el médico aseguró que pronto haría públicas las bases científicas de su técnica, pero, como suele pasar, nunca más se supo y, una vez pasado el revuelo, su nombre regresó al anonimato.

asueroterapia

Otro lumbreras de la “ciencia” fue el cirujano Jean Baptiste-Vincent Laborde que convenció a las autoridades francesas para que le proveyeran de reos guillotinados. De esta manera, intentaba averiguar si las cabezas mantenían la consciencia, aunque solo fuera por unos instantes.

laborde

Laborde era un personaje muy conocido en los ambientes académicos y no le fue difícil conseguir el material para sus investigaciones.  Ya antes había ideado la técnica de estirar la lengua de los pacientes comatosos para reanimarlos pero, tras fracasar varias veces, intuyó que la clave estaba, en el tiempo que pasaba entre la ejecución y la llegada del cuerpo a su laboratorio. Así que, para reducir la espera y poder manipular la cabeza recién cortada, decidió trabajar a pie de guillotina y, nada más recogerla del cesto, le inyectaba en las arterias del cuello sangre oxigenada de vaca o de perro (que para el caso era lo mismo) mientras que un ayudante taladraba el cráneo para aplicarle corriente eléctrica en el cerebro.

Al final, harto de no sacar ningún resultado, Laborde abandonó este trabajo para dedicarse a otros experimentos… igual de provechosos.

Ahora un alemán, Carl Friedich Baunscheidt, que fue un gran inventor en la rama de la agricultura y la mecánica, hoy día sin embargo, es recordado por un método curativo al que se le dio el nombre de “baunscheidtismo”. Según este método, su creador aseguraba que podía separar las sustancias patógenas del cuerpo humano y a la vez estimular las funciones vitales de los órganos.

baunscheidtismo

¿Cómo conseguía esto? Pues gracias a lo que llamó el “despertador de la vida”, un cacharro provisto de numerosas agujas finas y muy cortas que, mediante un mecanismo con resortes, se clavaban en la piel de forma muy suave. Vaya, lo que es la acupuntura más o menos. Para lograr los máximos efectos, el paciente debía untarse antes con un aceite invención también del doctor Baunscheidt, que vendía en su consulta a un módico precio. Este método tuvo un gran éxito en Alemania lo que le reportó a su inventor unos buenos ingresos, solo por haber creado una especie de sanguijuela mecánica.

Baunscheidttherapie

A finales del s. XX, el psiquiatra francés M. Collongues, entendió la bioscopia (término que hoy  día define el examen del cuerpo para demostrar la existencia de vida) como un método para curar enfermedades de estomago e hígado.

Intentaba probar la existencia de irradiaciones en el cuerpo humano, a las que consideraba responsables del origen de la vida, y luego controlarlas para curar enfermedades.

Los científicos de la época le pidieron una demostración práctica y, para ello, el francés inventó el dinamoscopio. ¿Y esto que es???? Pues un artilugio alargado de unos 15 cm de longitud que se introducía por el oído y servía para escuchar los “zumbidos orgánicos”…

dinamoscopio

Como es de suponer, la bioscopia de Collonges no tuvo mucho éxito.

Venga, vamos a rizar el rizo, porque en 1930 una de las mentes más brillantes de la época, el profesor Robert Cornish, de la Universidad de California, creyó haber encontrado un método para REVIVIR A LOS MUERTOS.

Robert Cornish

Algo tan simple como incorporar y tumbar el cuerpo del difunto repetidas veces para hacer circular la sangre, mientras se le va inyectando adrenalina y anticoagulantes de forma generosa.

Primero, lo probó con animales y los resultados obtenidos con perros estrangulados fueron tan satisfactorios que ya estaba en disposición de probar su método con humanos. Así que se hizo con un voluntario, un condenado a muerte, Thomas McMonigle. Pero tuvo mala suerte ya que, por temor a tener que liberar al preso en el caso de que el experimento funcionara, el estado de California le obligó a suspender aquellas investigaciones de por vida.

Otro invento médico, la frenología, método creado por el fisiólogo alemán Franz Joseph Gall, conocido por sus importantes aportaciones al estudio anatómico del cerebro, durante años había estudiado a fondo el encéfalo, profundizando en su anatomía interna y externa. De este modo desarrollo una teoría según la cual podía adivinarse el carácter, la personalidad y las predisposiciones de una persona gracias a… las protuberancias craneales y a las facciones.

Franz Joseph Gall

Fue una teoría muy bien recibida por los anatomistas y científicos de la época, pero totalmente errónea. En ella se basó el criminólogo Bertillón para afirmar que los delincuentes podían ser identificados gracias a ciertos rasgos físicos: cejas unidas, ojos hundidos o frente prominente.

Ser feo era sinónimo de delincuencia.

Y aunque muchos eran los que ideaban métodos para resucitar, algo bastante asqueroso, más éxito debería tener un método para rejuvenecer. El método que, en 1930, el médico suizo Paul Niehans intentó comercializar en su, recién inaugurada, clínica privada dedicada a la terapia de células frescas.

Paul Niehans

El procedimiento consistía en inyectar en las nalgas de los pacientes células centrifugadas, recién extraídas de tejidos de animales jóvenes o, mejor aún, de fetos.

Sin ningún aval científico, ni en aquella época ni hoy en día, esta propuesta para aparentar menos edad resulto un éxito, y contó con seguidores como Winston Churchill, Marlene Dietrich, Frank Sinatra o Charles de Gaulle. Todos ellos afirmaron haber sentido un empuje vital después de la inyección, pero ninguno habló de los molestos efectos secundarios, de los que si que se habían quejado otros pacientes: la imposibilidad de sentarse con naturalidad durante días o la aparición de reacciones cutáneas.

Paul Niehans y Pio XII

Convencido por su buena prensa, el propio Pio XII decidió someterse al tratamiento y, por lo visto, debió de quedar contento, porque Niehans fue nombrado miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias, el órgano que asesora al Vaticano en temas científicos.

Otro célebre personaje, cuyo apellido os va a sonar mucho, el médico estadounidense John Harvey Kellogg, si, el que introdujo los cereales tostados en el desayuno, era un personaje extravagante con una vida llena de excentricidades. No quiso consumar jamás su matrimonio, pero crió, junto a su mujer, a más de 40 niños. Abogaba por circuncidar a los recién nacidos para evitar que se masturbaran de mayores y defendía el uso del fenol puro en el clítoris para erradicar el deseo femenino. Estas y otras “grandes ideas” más, las aplicaba en su sanatorio de Battle Creek, Michigan. Los que ingresaban allí eran sometidos a una dieta vegetariana y a continuos ejercicios físicos: carreras, flexiones, inmersiones…

Kellogg gimnasio

A diario eran conectados a una maquina que les inyectaba más de 50 litros de agua en los intestinos, después, tenían que ingerir medio litro de yogur, mientras que por vía rectal le suministraban otro tanto.

Todo esto, decía el doctor Kellogg que era para plantar “ los microbios protectores en el sitio en el que son más necesarios y puedan prestar un servicio más efectivo”. Para él, la clave de la longevidad estaba en la flora intestinal.

John Harvey Kellogg

Y terminamos con el doctor alemán Franz Anton Mesmer y sus experimentos con los imanes. Los pacientes debían beber un preparado con alto contenido en hierro y tumbarse para que el magnetismo hiciese el resto. En realidad, Mesmer nunca creyó en el poder curativo de los imanes, pero, como varios enfermos afirmaron sentirse mucho mejor, se convenció de haber encontrado un método de autosanación. Este método, al que se le dio el nombre de mesmerismo, hoy lo conocemos como efecto placebo.

mesmerismo

cubeta de Mesmer

Podéis escucharlo aquí:

http://www.ivoox.com/candil-insolito-2×26-antiguos-metodos-medicos_md_1815640_wp_1.mp3″

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