Epilepsia del lóbulo temporal y apariciones

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Uno de los trastornos neurológicos que se ha asociado con experiencias religiosas es la epilepsia parcial del lóbulo temporal. En la epilepsia hay una alteración en la cual las neuronas se activan simultáneamente en forma local o generalizada en toda la corteza cerebral. En el caso de la epilepsia temporal se activa el lóbulo temporal y dada su complejidad estructural y funcional, las manifestaciones clínicas de esta epilepsia son variadas y pueden conducir a un estado de “ausencia” (epilepsia de ausencia) en el que el paciente se desconecta del medio. En otro tipo de epilepsia del lóbulo temporal el paciente experimenta estados de bienestar intenso, descrito como felicidad, armonía absolutas, o éxtasis. En este estado se pueden presentar alucinaciones que pueden ser simples (luz intensa, sonidos, olores) o complejas (ángeles, demonios, paraíso, cielo, luz al final de un túnel con sombras). Usualmente la crisis de epilepsia es desencadenada por estímulos externos que incluyen estímulos luminosos (velas, ventanas), sonidos (campanas, coros), olores (incienso), palabras (usualmente religiosas, Dios por ejemplo). Las causas de la epilepsia son múltiples y una de ellas son los tumores. Un estudio reciente ha mostrado como pacientes con lesiones tumorales en lóbulos temporo-parietales experimentan sentimientos religiosos más intensos que pacientes con tumores cerebrales ubicados en otros sitios. Otro punto importante es que la religiosidad dependería mas del lóbulo temporal derecho. Pacientes con atrofia del lóbulo temporal derecho muestran síntomas de desorientación temporal y espacial, trastornos de comportamiento como obsesión y aumento de la espiritualidad. Así, el lóbulo temporal derecho estaría encargado de la conciencia del yo en términos de espacio y tiempo (su alteración generaría sensación de fusión con el cosmos por ejemplo) y control y capacidad crítica de capacidades propias (la alteración generaría las sensaciones de optimismo y/o felicidad).

A lo largo de la historia y gracias a documentos personales o biografías se sabe que personajes históricos pudieron haber padecido este tipo de epilepsia extática: El faraón egipcio Tutankamon, el emperador romano Julio César, el apóstol cristiano San Pablo, la heroína francesa Juana de Arco, la monja española Santa Teresa de Jesús, el escritor ruso Fedor Dostoievski entre otros. Un tipo de epilepsia particular en el que hay hiperreligiosidad, hipergrafía (intensa necesidad de escribir), sensaciones de iluminación o éxtasis, es el denominado síndrome de Gastaut-Geschwind, algunos autores plantean que escritores como Dostoievsky, Santa Teresa padecían este tipo de epilepsia del lóbulo temporal.Se da por seguro que Dostoyevsky sufría de epilepsia del lóbulo temporal (que se sitúa tras las sienes envolviendo literalmente el cerebro, como una especie de orejeras). No todos los epilépticos del lóbulo temporal convulsionan, pero muchos experimentan una distintiva aura. Las auras son visiones, sonidos, olores u hormigueos que se dan justo cuando comienzan los ataques, un presagio de las cosas peores que están por venir. La mayoría de los epilépticos experimentan auras de algún tipo, y la mayoría de los que sufren de epilepsia pero no en el lóbulo temporal, las encuentran desagradables: algunos desafortunados notan un hedor a heces quemadas o notan hormigas caminando bajo su piel. Pero por alguna razón (quizás porque las cercanas estructuras límbicas son aceleradas) las auras que se originan en el lóbulo temporal se sienten más ricas emocionalmente y muchas veces con un cariz sobrenatural. Algunas víctimas sienten que sus “almas” se unen con alguna divinidad (por eso los antiguos doctores denominaban la enfermedad sagrada). Por su parte, las crisis de Dostoyevsky se veían precedidas por una rara “aura mística” en la que sienten una ducha tan intensa que dolía. Como dijo a un amigo “Tal gozo sería inconcebible en una vida normal… una completa armonía entre yo y el mundo entero”. Después se sentiría destrozado: magullado, deprimido, acosado por sentimientos de maldad y culpa (motivos comunes en su ficción). Pero Dostoyevsky insistía en que los sufrimientos merecían la pena: “Por un breve instante de gozo daría diez o más años de mi vida, incluso mi vida entera.”
La epilepsia del lóbulo temporal, ha transformado la vida de otras personas de una forma similar. Parece que todos los seres humanos disponen de conexiones mentales que reconocen ciertas cosas como sagradas y nos predisponen a sentirnos un tanto espirituales. Sólo es una característica de nuestro cerebro. Pero parece que las crisis de los lóbulos temporales parecen sobre-estimular dichas conexiones y normalmente dejan a sus víctimas con una sensación intensamente religiosa, como si una deidad les bendijera con su presencia. Aunque las víctimas no se conviertan en religiosas, su personalidad normalmente se modifica de forma previsible. Empiezan a preocuparse por la moralidad, normalmente perdiendo su sentido de humor por completo (Las líneas jocosas son escasa en Dostoyevsky). Se vuelven obstinados en las conversaciones, continuándolas pese a las señales de aburrimiento de su interlocutor. Y por alguna desconocida razón, muchos de los pacientes empiezan a escribir de forma compulsiva. Pueden dedicarse a rellenar página tras página de ripios y aforismos, o copiar letras de canciones y etiquetas de latas de comida. Aquellos que visitan el paraíso, normalmente detallan sus visiones de forma minuciosa.
Basándose en estos síntomas, en concreto en la rectitud y el repentino despertar espiritual, doctores modernos han retrodiagnosticado ciertos iconos religiosos como epilépticos, incluyendo a San Pablo con la luz cegadora y estupor cerca de Damasco, Mahoma y los viajes al cielo y Juana de Arco con sus visiones y su sentido del destino. Swedenborg también cumple con el perfil. Se convirtió de forma abrupta, escribía como un adicto a la metanfetamina (el libro “Arcana Coelestia” tiene dos millones de palabras) y muchas veces se estremecía y caía inconsciente durante sus visiones. En ocasiones sentía como había “ángeles” que colocaban su lengua entre sus dientes para que se la arrancara de un mordiscos, un peligro bastante común durante las crisis epilépticas.
Extraído de “The Tale of the Dueling Neurosurgeons: The History of the Human Brain as Revealed by True Stories of Trauma, Madness, and Recovery” by Sam Kean. Copyright © 2014 by Sam Kean. Reprinted by arrangement with Little, Brown and Company. All rights reserved.
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